Diario de León

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Perú frena el expansionismo del proyecto bolivariano de Chávez

Los resultados de las elecciones peruanas fueron acogidos con alivio en todas las capitales del subcontinente americano, excepto en las ciudades de Caracas y La Paz

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Julio Á. Fariñas - redacción
León

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Tan poco respetuoso como de costumbre con las formas democráticas, en su última homilía dominical Hugo Chávez metía las narices por enésima vez en los asuntos internos de sus vecinos pidiéndole a Dios que iluminase a los peruanos en la elección de su presidente. Los peruanos, si algo tenían claro, a la vista del resultado, es que no querían ser gobernados por un guiñol movido por el showman de Miraflores y depositaron su confianza en un Alan García que, en buena medida, debe su victoria a los desmanes de Chávez. A estas alturas ya nadie duda de que este frenazo a la expansión del proyecto de revolución bolivariana, también bautizada como socialismo del siglo XXI, que propugna el teniente coronel Hugo Chávez, supone un claro cambio de rumbo en la evolución política de Latinoamérica. Chávez, aislado Chávez se queda así más aislado que nunca. Con México tiene congeladas las relaciones, sin presencia de embajadores. Con Lima y Managua está al borde del abismo. Lula marcó distancias hace meses por el papel de Venezuela en las nacionalizaciones bolivianas. Chile nunca estuvo en su órbita, y Colombia, menos. Y Kirchner, que nada entre dos aguas, ahora tiene una oportunidad única para definirse. Las grandes aventuras de Chávez en la región quedan ahora en el aire. ¿Qué va a pasar con la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba) cuando Alan García ratifique el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y confirme su respaldo a la Comunidad Andina? ¿Quién va a respaldar a Venezuela en sus aspiraciones a la vacante que va a dejar Perú en el Consejo de Seguridad? Venezuela y Bolivia son ahora dos islas dentro del mapa político del subcontinente en el que se consolida el viraje hacia una nueva izquierda moderada, representada en estos momentos por Brasil, Argentina, Chile, Uruguay y Perú. Una izquierda próxima a la socialdemocracia clásica, que se puede ver reforzada antes de fin de año con la incorporación de México y Ecuador y que está sirviendo de dique de contención a la ola populista, auspiciada desde Caracas a golpe de petrodólares, y al modelo neoliberal encarnado por la Colombia de Uribe, el Paraguay de Nicanor Duarte y la Costa Rica de Óscar Arias, que se mantienen fieles a las directrices politicoeconómicas de Estados Unidos. Esta izquierda emergente se caracteriza por el compromiso con políticas que promueven la justicia social, una preocupación por la soberanía nacional, que pasa por el control de la explotación de sus recursos naturales y por impulsar iniciativas de cooperación y acción exterior conjuntas. Una de sus principales diferencias con la izquierda que lidera Hugo Chávez es el rechazo a un populismo caracterizado por su constante apelación al pueblo y organizado sobre la base de un líder carismático que frecuentemente recurre a la retórica demagógica y prácticas clientelares para ganar votos y gobiernos. Mientras, el vicepresidente venezolano, José Vicente Rangel, afirmó ayer que si el presidente Hugo Chávez gana las elecciones de diciembre próximo, la «revolución bolivariana» está obligada a «imponerse política e ideológicamente».

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