Lo que queda de la cúpula del grupo islámico busca refugio en Gaza

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León

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Lo que queda de la cúpula de Hamás tras las detencio-nes de ayer busca refugio en las tierras de la franja de Gaza. El primer ministro Ismael Haniya y otros dirigentes en Gaza están, de hecho, dede hace días en la clandestinidad por temor a ser blanco de Israel. «La guarda personal de Haniya está integrada por veinte o treinta guardaespaldas que están limpios y no han sido fichados por Israel», cuenta un joven de 29 años que en el pasado fue un miliciano buscado por Israel y que ahora trata de reconducir su vida. Cada día en una casa «Haniya no duerme en su casa. Tampoco (el ministro de Exteriores, Mahmud) al Zahar, ni Said Siyad (Interior). Pernoctan cada día en una casa diferente, muchas veces en los domicilios de algunos de sus guardaespaldas, que como he dicho es gente limpia y sin antecedentes, muy honrados y fieles», explica el joven en una cafetería del centro de Gaza sorbiendo un café y fumando un cigarrillo tras otro. Los líderes de Hamás, que ahora son también los del Gobierno, «no usan teléfonos normales, sino que se comunican por medio de móviles a los que cada poco tiempo les cambian la tarjeta SIM para que Israel no los localice. Sus teléfonos están generalmente apagados y sólo se encienden en caso de emergencia. Hablar por teléfono es estos días un riesgo grave que puede costarte la vida», asegura. «Sabemos que los israelíes escuchan todas las conversaciones, y por este motivo a menudo hablamos en clave. Incluso hemos descubierto a gente, por ejemplo empleados de la compañía telefónica, que colaboran con Israel. Algunos han sido juzgados y condenados por los tribunales palestinos y están en prisión», añade. «En una situación extrema, la comunicación entre dos personas se hará siguiendo medidas de seguridad inusuales. Por ejemplo, un correo dejará un mensaje en el cuarto de baño de esta cafetería y luego, quince minutos después, vendrá a recogerlo otro correo. Los dos correos no se verán en ningún momento, y probablemente ni siquiera se conozcan. Los correos, además, suelen cambiarse cada poco tiempo para que ninguno de ellos se familiarice demasiado con los líderes». «La clandestinidad también conlleva que puedan ver poco a sus familias. Sólo van a sus domicilios ocasionalmente», concluia el joven.

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