«Estamos vivos de puro milagro»
El último de los tres aviones fletados con españoles y refugiados desde el Líbano llegó ayer al aeropuerto de Barajas

Una joven evacuada, a su llegada al aeropuerto de Barajas en Madrid
El tercer grupo de personas evacuadas del Líbano por el Gobierno español llegó ayer a España contento de «abandonar el horror de las bombas» y «muy agradecidos» por el trato recibido por las embajadas españolas durante sus dos días de viaje. El tercer avión fletado por el Ministerio de Defensa para repatriar a los españoles que se encontraban en el Líbano llegó a las 14.30 horas al aeropuerto de Madrid-Barajas con 152 personas a bordo, de las que aproximadamente un centenar son españoles y el resto extranjeros de diferentes nacionalidades. Los evacuados fueron recibidos por familiares y amigos en la Sala de Autoridades del aeropuerto, donde algunos de ellos se emocionaron al reencontrarse con sus seres queridos tras dos días de viaje «y comprobar que por fin estamos aquí», según explicaron a los periodistas que presenciaron el encuentro. La mayoría de los evacuados se dirigieron a sus hogares por sus propios medios, excepto un grupo que fue traslado en dos autobuses fletados por el Ministerio de Asuntos Exteriores a la estación de Atocha y a la terminal 4 de Barajas. Una joven de origen libanés y nacionalidad española relató «el gran miedo» que pasaron ella y su familia en su país y durante el trayecto en autobús a Siria, «que iba siendo bombardeado después de que pasáramos». La joven viajó con once familiares de seis nacionalidades diferentes (libanesa, española, americana, británica, sueca y mozambiqueña), entre ellos cuatro niños, dos de ellos discapacitados. Destacó «la rapidez de la embajada española, que dijo que no había problema en traer a toda la familia, y en último minuto aceptó incluso que vinieran dos familiares más, tratándonos de una forma increíble, como una madre a sus hijos». Este grupo de origen libanés dejó en ese país a todos sus familiares «porque no queríamos salir todos a la vez, por si pasaba algo en la carretera». Un matrimonio libanés que trabajaba en un hospital en la ciudad de Tyre, al sur del país, explicó que llegar a Sidón «fue muy difícil, horroroso, porque todo eran bombas», lo que les obligó a refugiarse en un hospital «en el que vimos de todo, como niños fallecidos o sin extremidades». En Sidón fueron recogidos por personal de la embajada española y comenzaron un viaje en autobús hacia Damasco, «en el que nos decían que todo lo que dejábamos atrás iba siendo bombardeado, por lo que se puede decir que estamos vivos de puro milagro». Dolores, una mujer española que trabajaba como profesora en Sidón, llegó a Madrid visiblemente emocionada con sus tres hijas de 2, 3 y 6 años, y «muy agradecida por el trato recibido por la embajada española, cuyos funcionarios son verdaderos héroes, mientras que los de la embajada americana no me cogieron el teléfono en dos días».