Diario de León

Hacia otra guerra mundial

La derecha estadounidense exige con vehemencia al presidente Bush que el Gobierno «se quite los guantes» y ataque de inmediato «a los enemigos de la civilización»

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Laszlo Trankovits - washington
León

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Un pronto final del derramamiento de sangre en Irak, Líbano, los territorios palestinos, Israel o Afganistán es algo que ni los más optimistas en los Ministerios del Exterior creen que vaya a producirse. Incluso si en Líbano callasen pronto las armas de Israel y de Hezbolá, la creciente inestabilidad mundial y un mayor derramamiento de sangre seguirían siendo una amenaza. No sólo el político republicano estadounidense Newt Gingrich habla ya de los «estadios tempranos» de una «Tercera Guerra Mundial», sino que los halcones políticos de EE.UU. reivindican abiertamente más guerras. En lo que no hay acuerdo es en las causas de los oscuros tiempos predichos. Los islamistas apuntan a la arrogancia de Occidente, exigen borrar del mapa a Israel y propagan la «Guerra Santa». Los neoconservadores, por su parte, consideran inevitable la «lucha de las culturas», el Occidente libre contra los «fascistas del islam». Y, sobre todo en Europa, muchos temen que «la guerra global contra el terrorismo» que lleva a cabo el presidente estadounidense, George W. Bush, sea lo que incendie el mundo. «La Tercera Guerra Mundial (...) ya ha comenzado», dijo hace poco el embajador israelí ante la ONU, Dan Gillerman. «El conflicto árabe-israelí se funde ahora con la guerra mundial entre el islam radical y Occidente», escribió el periodista Charles Krauthammer en la revista Time . Tras el fascismo y el comunismo, el islam radical pretende ahora la dominación mundial, indicó. Un concepto utilizado Bush también ha utilizado ya el concepto de «Tercera Guerra Mundial». Los combates en el Líbano, la Franja de Gaza, Irak o Afganistán son, para el presidente de EE.UU., simples piezas del mosaico de una confrontación global. En Estados Unidos se da un significado especial a los recientes enfrentamientos entre Israel y Hezbolá. Y es que Irán demuestra ahí sus pretensiones de liderazgo en el mundo islámico, según el catedrático y experto en el islam, Noah Feldmann. Las acciones armadas de Israel contra Hamás y Hezbolá podrían ser pronto una «guerra de suplentes» que «conduzca directamente a la gran guerra», según el catedrático. Una guerra en la que, según Gingrich, occidente tiene un claro enemigo: una alianza de redes terroristas y Estados, como Irán y Corea del Norte, dispuestos a emplear armas biológicas o nucleares, y decididos a «destruir la civilización moderna». Fanáticos religiosos sin escrúpulos y con un «culto a la muerte», subraya Gingrich. Atacar sin piedad La derecha estadounidense exige con vehemencia que el Gobierno «se quite los guantes» y ataque. «Debemos considerar responder a este acto de agresión iraní con un ataque militar contra sus instalaciones nucleares. ¿Por qué esperar?», manifestaba la publicación neoconservadora Weekly Standard . El periodista conservador Max Boot también instó al presidente norteamericano George W. Bush a mostrar más dureza. Según Boot, Israel está pagando actualmente el precio de una política estadounidense tibia hacia Damasco y Teherán. El periodista llamó en Los Ángeles Times a atacar Siria, donde Israel podría ahorrar a Estados Unidos el «trabajo sucio». El biógrafo de Bush, John Podhoretz, escribió que el respeto a las víctimas civiles es «en realidad una brutalidad inaceptable». «¿No fue un error no matar a suficientes suníes al inicio de la guerra de Irak como para intimidarlos suficientemente?», se preguntó en el Washington Times. Por su parte, la izquierda y los liberales temen que el Estados Unidos gobernado por Bush, apelando a una «política de apaciguamiento» (appeasement) frente a un enemigo irreconciliable, lleve a nuevas guerras preventivas.

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