«¡Que Dios los deje a todos ciegos!»
Adiba relató la noche de la primavera de 1987 cuando el dictador lanzó un ataque químico que provocó que sus hijos perdieran la vista y el cuerpo de su hija se quemara

Adiba Owla no ocultó su identidad en el estrado
El crudo testimonio de una kurda protagonizó ayer el tercer día del juicio por genocidio contra Sadam Huseín. «Perdí la vista. Mis hijos perdieron la vista. Mi casa fue destruida. ¡Que Dios los deje a todos ciegos!», maldijo desde el estrado Adiba Owla Bayez, una mujer de 45 años que sobrevivió al bombardeo con sustancias químicas sobre la aldea kurda Bilisian, en la provincia de Suleimaniya, en abril de 1987. Tras el ataque sufrió dos abortos y perdió a un hijo de tres meses. Adiba describió una noche de la primavera de 1987 en la que un avión arrojó varias bombas detrás de su casa. Ella y su marido inmediatamente notaron que el bombardeo era distinto a ataques anteriores. «Sentimos un olor asqueroso como a manzana podrida». El cuerpo de su hija comenzó a arder y su piel a despegarse. «Mi hija Nargis dijo que tenía un dolor en el estómago y en los ojos. Estaba vomitando. Todos mis hijos vomitaban», agregó Bayez. Una vez que acabó el bombardeo, un helicóptero persiguió a los habitantes de Bilisian cuando éstos huían hacia las montañas. «Estábamos heridos, enfermos, pero aún así huimos. Para ese momento yo estaba vomitando sangre. Mis hijos estaban ciegos. Se me había pelado la piel del cuerpo», añadió en el tribunal, hablando en kurdo y con el tradicional vestido negro. Los soldados de Sadam los rodearon enseguida, enviándolos a la ciudad de Erbil, donde fueron retenidos sin tratamiento médico hasta ser trasladados de nuevo. «Nueve días después los guardias dijeron que todos los heridos fueran al patio del centro de detención. Yo gritaba porque tenía la pierna quemada. No podía caminar», explicó.