El Reino Unido lidera la misión de la Otan en la zona y es el país que más tropas aporta
El Ejército británico admite que la situación en Afganistán le supera
Un atentado suicida contra un convoy de tropas internacionales mata a un británico y a cuatro civiles
Miembros del Ejército afgano aseguran una zona de Kabul donde se produjo un atentado suicida
Enviado al sur de Afganistán para restablecer la paz civil en esa zona, el Ejército británico se ha visto cada vez más enzarzado en acciones bélicas en las que ha empezado a mostrar sus límites, reconoció ayer su comandante en jefe, el general Richard Dannat. «La situación nos supera. ¿Podemos hacerle frente? Respondo: a duras penas», admitió Dannat en una entrevista publicada ayer por el diario The Guardian . Sus declaraciones son especialmente importantes dado que el Reino Unido lidera la misión de la Otan en el país y soporta el mayor peso en las operaciones. Además, sus palabras coincidieron con un atentado suicida contra sus tropas en Kabul, que acabó con la vida de un soldado británico y de cuatro civiles. Por otra parte, un soldado canadiense resultó muerto en un incidente de fuego amigo. El Ministerio de Defensa del Reino Unido ha abierto una investigación para determinar las causas del siniestro, aunque en principio se baraja la hipótesis de que un fallo técnico pudo provocar la tragedia.El general concedió la entrevista después de la muerte, el sábado, de 14 militares británicos al estrellarse el avión en el que realizaban una misión de reconocimiento dentro de la operación Medusa, la última ofensiva de las fuerzas internacionales contra los feudos talibanes del sur del país. Críticas La tragedia, aparentemente accidental, volvió a encender en Gran Bretaña las críticas sobre la excesiva presencia británica en Afganistán, pero también los llamamientos en favor de un aumento del presupuesto trienal de 1.850 millones de dólares (1.450 millones de euros) para la misión en ese país asiático. La prensa recordó, asimismo, que el avión Nimrod MR2 siniestrado cerca de Kandahar es un aparato antiguo cuya sustitución retrasa el ejército desde hace años. Con el atentado en Kabul, en el que también resultó herido grave otro soldado inglés, son 37 los militares británicos muertos en Afganistán desde la invasión del país por las tropas internacionales, en octubre del 2001. La cifra es bastante inferior a los 117 militares británicos fallecidos en Irak desde principios del 2003, dos de ellos este mismo lunes. Sin embargo, desde enero del 2006, en Afganistán han muerto en combate 14 británicos, frente a cuatro en Irak. «El contingente británico soporta la mayor parte del peso de los esfuerzos de la Otan para estabilizar el sur y, según la evidencia, se ve superado por la situación», declaró Ayesha Jan, una experta del instituto londinense de relaciones internacionales Chatham House. La guerrilla talibán, unida a los señores de la droga que dominan la zona, «presenta ahora ya todos los signos distintivos de una insurrección», dijo. Según Jan, los deslices de los servicios secretos estadounidenses, unidos a «un exceso de confianza» por parte de los británicos, habría impedido a estos últimos ver el aumento de la rebelión. En abril, John Reid, entonces ministro de Defensa, declaró su esperanza de que los soldados británicos no tuvieran que disparar ni un tiro en el sur de Afganistán. En cambio, su sucesor, Des Browne, prometió que en las próximas semanas se enviará a otros 900 hombres para reforzar el contingente de 3.600 que ya hay en la zona.