Europa pretende implicar a Moscú en la definición de su nueva política energética común
La UE suaviza las críticas a Putin para tener garantías del gas ruso
El jefe del Kremlin, invitado de honor a la cumbre de líderes europeos que se celebra en Finlandia
Los líderes de la UE tratarán hoy de avanzar en su proyecto de crear una política común en materia de energía durante una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno en la que el gran protagonista será, paradójicamente, el presidente ruso, Vladimir Putin. Los líderes de los Veinticinco le han invitado a la cena que clausurará su reunión de Lahti (Finlandia) porque quieren implicarle en esa incipiente estrategia energética -Rusia es el primer exportador de gas a la UE-, pero, sobre todo, porque pretenden arrancarle garantías sobre el futuro del suministro de hidrocarburos a Europa. Ese intento de solucionar los asuntos económicos puede obligarles a suavizar las críticas al creciente autoritarismo en que ha derivado el Gobierno de Putin, porque de momento no está previsto en el orden del día que los líderes hablen de los derechos humanos en Rusia. La reunión se celebra en una pequeña localidad de 100.000 habitantes a cien kilómetros al norte de Helsinki, capital de un país que comparte miles de kilómetros de frontera con los rusos y que ha mantenido con ellos numerosos contenciosos territoriales -en el último, tras la Segunda Guerra Mundial, perdió el 10% de su territorio-. En esas desavenencias está la raíz de una sempiterna desconfianza que ejemplifica a la perfección el ambiente que se respira en la cumbre. Compromisos inmediatos Lo cierto es que la UE necesita compromisos inmediatos sobre el gas ruso, pues Putin preten-de hacer borrón y cuenta nueva con el goloso negocio que varias firmas europeas hacían en los campos de gas de la isla de Sajalín, en el Pacífico ruso, y en Schtokman, en el mar de Barents. El objetivo es entregar su explotación a la todopoderosa empresa estatal rusa Gazprom, la misma que en enero pasado estuvo a punto de dejar sin calefacción ni combustible a miles de industrias y hogares alemanes por las disputas políticas con Ucrania. Pese a esa necesidad de asociación energética, algunos países defienden que no pueden sentarse a la mesa con Putin sin afearle asuntos como las torturas en Chechenia, la deportación de georgianos, el asesinato de la periodista Anna Politkóvskaya y el progresivo deterioro de libertades y derechos ciudadanos, todos ellos incompatibles con las más elementales normas de comportamiento democrático que la UE exige a sus socios. El primer ministro finlandés y presidente de turno de la Unión, Matti Vanhanen, ha explicado que compartir mesa es una buena forma de, al menos, abrir el debate, aunque éste tenga sus riesgos. Putin expondrá su parecer a los postres, en un discurso que será contestado por el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durâo Barroso, quien ayer advirtió que no andará «con chiquitas» en su réplica: «Le voy a decir al señor Putin qué es lo que pensamos en Europa», dijo. el mandatario portugués de forma tasativa. El alto representante para las Relaciones Exteriores de la Unión Europea, el español Javier Solana, quien ayer se encontraba de visita en la localidad de Kiev, también aventuró que la conversación será «muy franca». Pero el líder ruso cuenta con el mejor aliado: la canciller Angela Merkel, a quien acaba de proponer que Gazprom doble sus suministros a Alemania. Merkel ha evitado escenificar ese acuerdo, pero Gazprom ya ha empezado a hacer campaña en su país: este año patrocinará con 125 millones al Schalke 04, equipo de fútbol de la Primera División alemana con sede en Gelsenkirchen, en la rica región de Renania-Westfalia, donde se ubican el 40% de las industrias más poderosas del país.