La ISAF admite que mató a doce civiles, y no a 50, durante un bombardeo en Kandahar
El líder militar de los talibanes acusa a la Otan de perpetrar un genocidio
Los insurgentes afganos han aprendido a desarrollar su propia propaganda
Un día después de que se conociera que los bombardeos de la Otan sobre la provincia de Kandahar podrían haber matado a 60 civiles afganos, la Alianza reconoció ayer su fallo, pero aclaró que sólo se produjeron doce bajas civiles y que su ataque acabó con la vida de 70 talibanes. A la espera de las conclusiones de la investigación, las autoridades locales siguieron insistiendo en que las víctimas eran más de 50. Independientemente de las cifras finales, el episodio ha levantado ampollas en Afganistán. El presidente, Hamid Karzai, tuvo que condenar el ataque. «Compartimos la tristeza de las familias. El pueblo de Afganistán está dolido por este incidente», dijo. La Otan también manifestó su pesar. Y los talibanes, por boca de su jefe militar, el mulá Dadulá, aprovecharon para sacar tajada del error de las tropas internacionales y les acusaron de «perpetrar un genocidio». Estrategas Declaraciones como las de Dadulá demuestran que los talibanes están aprendiendo las reglas de la política e intentan proyectarse como una alternativa real de poder. Hasta hace poco, no más de unos meses, eran un movimiento rural que no mostraba interés en difundir mensaje alguno e imposible de contactar para los periodistas. Actuaron de este modo incluso cuando controlaban el 90% del país, incluido Kabul. Pero esto está cambiando. Ahora han nombrado dos portavoces autorizados y se pronuncian sobre cualquier hecho de la actualidad afgana para reforzar con palabras su lucha armada. Dadulá, un guerrillero cojo, ha aparecido recientemente en algunos vídeos disparando una ametralladora y dirigiendo las operaciones en la provincia de Uruzgan. En otra cinta, difundida en Pakistán, se le ve dando la bendición a un grupo de suicidas participando en ataques contra las tropas internacionales. Este tipo de propaganda es una novedad dentro del movimiento talibán. Dadulá aprovechó la ocasión para amenazar a los soldados de la Otan con seguir atacándolos cada vez con mayor intensidad. Como ya adelantara el comandante talibán Abdulwahid Akhound a La Voz, el jefe militar de los insurgentes prometió una ola de atentados suicidas. «Queremos informar a las fuerzas extranjeras y sus esclavos que su derrota es inevitable en Afganistán. Los talibanes no permitirán a los asesinos de mujeres y niños afganos descansar en paz, y continuarán atacándolos», dijo. Sus declaraciones coincidieron con la muerte de al menos 14 civiles en la explosión de una mina al paso del minibús en el que viajaban 17 personas por el centro de Tirin Kot, la capital de la provincia de Uruzgan, al sur de Afganistán. Los tres supervivientes también resultaron heridos. Los medios locales especulaban ayer con que esta mina estuviera destinada para alguna de las patrullas de la Otan que controlan la zona.