Caravana de la muerte y torturas
El fallecimiento fue recibido con una mezcla de alegría y rabia por las víctimas, que ya no verán a Pinochet penar sus crímenes durante una dictadura que se extendió a lo largo de 17 años
Varios detractores de Pinochet celebran su muerte con una imagen del ex presidente Allende
La muerte de Augusto Pinochet ha librado al ex dictador chileno de una maraña de juicios por violaciones de derechos humanos y malversación de dinero durante y después de su régimen (1973-90), que ya habían provocado su desafuero y arresto domiciliario. Tras 17 años de una férrea dictadura en la que murieron o desaparecieron más de 2.000 personas y miles más fueron torturadas, Pinochet creía haber logrado una salida impune a futuros procesos al reservarse, primero, el cargo de comandante en jefe del Ejército y ser designado después senador vitalicio. Sin embargo, su invulnerabilidad comenzó a resquebrajarse en 1998, cuando durante un viaje a Londres para someterse a una cirugía menor fue detenido por orden del juez español Baltasar Garzón, que lo requería por la desaparición de varios españoles durante la dictadura. La Cámara de los Lores otorgó la petición de extradición a España, pero logró librarse del juicio por la decisión del Gobierno de Blair de devolverlo a Santiago debido a «razones humanitarias». Regresó triunfante de la capital británica 503 días después. Pero la brecha ya se había abierto y le esperaban años de investigaciones procesales en su país que, si bien su muerte zanjó en el plano judicial, provocaría una creciente reprobación de la sociedad chilena, de la que hasta entonces una parte había apoyado inamoviblemente a su ge-neral. El juez chileno Juan Guzmán Tapia tomó la posta de Garzón y se convirtió en la nueva bestia negra del ex dictador, al lograr su desafuero e iniciar en 1999 una causa por la Caravana de la Muerte. El caso de la comitiva militar que recorrió Chile entre septiembre y octubre de 1973 a bordo de un helicóptero y que en total ejecutó, sin juicios previos, a 75 presos políticos provocó, en enero del 2001, su primer arresto domiciliario. Pero otra vez su salud lo salvó. Al de la Caravana de la Muerte se sumaron otros casos, como el de Villa Grimaldi, una casona a las afueras de Santiago que se convirtió en la dictadura en un centro de detención en el que desaparecieron más de 200 presos políticos y otros 5.000 fueron torturados; la Operación Colombo, y una larga lista de causas particulares que ya no serán resueltas.