Una de espías de verdad

La confusión, el engaño y la mentira son moneda de cambio en el actual mundo del espionaje y en el caso del asesinato del que fue miembro del KGB, Alexánder Litvinenko tampoco falta Ingresa

Publicado por
Rosa Paino - redacción
León

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Ni Ian Fleming ni John Le Carré habrían sido capaces de complicar tanto la trama del asesinato por envenenamiento con una peligros sustancia radiactiva de un ex espía del KGB exiliado en Londres. La confusión, el engaño y la mentira son moneda de cambio en el mundo del espionaje y en el caso del asesinato de Alexánder Litvinenko no falta. No obstante, los 007 de ficción no suelen ser tan torpes para ir dejando rastros de polonio 210 por media Europa -convirtiendo el caso en un problema de salud- ni darse publicidad en programas de máxima audiencia para des-decirse en plan novelesco de lo dicho el día anterior. A cargo de la investigación para averiguar quién ordenó y asesinó a Litvinenko está a cargo de policías de tres países -Scotland Yard, la Fiscalía rusa, una comisión especial alemana (bautizada con el peliculero nombre de El tercer hombre)- y desde ayer de la Interpol. Las principales sospechas recaen sobre los dos rusos que se reunieron con Litvinneko en un hotel londinense el 1 de noviembre, el día en que cayó enfermo: Dimitri Kovtun y Andréi Lugovói, colegas de los servicios secretos soviéticos y ahora prósperos hombres de negocios. Un tercer ruso, Viacheslav Sokolenko, espera su turno para ser interrogado, pero es el que menos interesa a la investigación, ya que llegó con la reunión ya terminada. Los investigadores parten de la base de que Kovtun llevaba el polonio 210 consigo cuando salió de Moscú el 28 de octubre con destino a Londres, haciendo escala en Hamburgo. Durante los cuatro días que permaneció en la ciudad alemana, Kovtun además de contaminar levemente a sus dos hijos, a su ex mujer y al compañero sentimental de ésta, dejo huellas radiactivas en el asiento de un coche que lo recogió en el aeropuerto, en dos viviendas y en una oficina de extranjería. Si bien Lugovói ha sido interrogado en calidad de testigo, los investigadores británicos se interesan por él desde que se descubrió que fue dejando restos de radiactividad por distintos lugares, principalmente en un vuelo entre Moscú y Londres. Tanto Lugovói como Kovtun han negado cualquier partici-pación en el envenenamiento de Litvinenko. Además hay contradicciones sobre su estado de salud exacto, pese a que se llegó a anunciar que Kovtun había desarrollado síntomas de envenenamiento por radiación. A Lugovói le falla la memoria: primero dice al diario ruso Kommersant que «no presenta huellas algunas de contaminación», como al día siguiente confiesa al Sunday Times británico que hay indicios de envenenamiento en su cuerpo. Sin embargo, en pocos días, antiguos agentes del espio-naje, salen repentinamente de la obscuridad de su medio para sentarse enfrente de los reflectores de las cámaras de televisión, entregando sus versiones de los hechos, unas más novelescas que las otras.

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