El presidente anunciará el envío de 20.000 hombres más al país y mil millones de dólares
Bush estipulará metas concretas al Gobierno iraquí para ejercer su ayuda
Está convencido de que su plan funcionará al integrar a la etnia suní en el proceso político
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, cuando iba a anunciar las nuevas medidas para Irak
El nuevo plan para Irak que el gobierno de George W. Bush anunciará previsiblemente mañana por la noche estará condicionado a una serie de metas que el Gobierno de Nuri Al-Maliki deberá cumplir para recibir la ayuda estadounidense, según adelantaba ayer The New York Times . Bush planea anunciar el envío de 20.000 hombres más a Irak y al menos mil millones de dólares con los que generar empleo y acelerar el entrenamiento de las fuerzas de seguridad iraquíes. Los legisladores con los que compartió el viernes su nueva estrategia le preguntaron qué le hacía pensar que esta vez funcionaría, y la respuesta es condicionar la ayuda a un calendario de metas específicas. Entre ellas destaca la integración de la etnia suní en el proceso político mediante la celebración de elecciones provinciales, que han sido retrasadas por el gobierno de al-Maliki, miembro de la etnia chií. Con ello se espera que los suníes alcancen control político sobre las regiones en las que son mayoría. Otras medidas esperadas son la ley para la distribución del petróleo y la inclusión de los miembros del partido baathista en la sociedad mediante el pago de pensiones a los ex miembros del ejército. Por su parte, al-Maliki también ha puesto condiciones al gobierno de Bush, al que pide tener para junio próximo el control de las diez divisiones del nuevo Ejército iraquí, algo que los militares estadounidenses consideran demasiado ambicioso. Control sobre la guerra Incluso si todo saliese de acuerdo a los planes, el nuevo comandante de operaciones en Irak, general Raymond Odierno, advirtió el domingo que todavía puede tomar «dos o tres años más ganar control sobre la guerra en curso», tiempo que la oposición demócrata no quiere dar a Bush, pero los propios líderes reconocen que carecen de dientes para impedirlo. «Si quiere, podrá dejar las tropas allí para siempre», admitió el domingo el candidato demócrata y presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Joseph Biden. Los demócratas se preparan para boicotear el éxito del plan de cara a la opinión pública mediante la convocatoria de audiencias en el Congreso que forzarán a los militares a dar su opinión bajo juramento. Irak, en la agenda electoral Si los senadores Hillary Clinton y Barak Obama tiran su sombrero a la arena presidencial, el congresista de Ohio Dennis Kucinich, de 60 años, tendrá pocas oportunidades de alzarse con la nominación del Partido Demócrata, como aspira, pero como mínimo habrá logrado subir el listón de Irak en la agenda electoral. En un momento en que los demócratas se debaten entre la tesitura de oponerse a la guerra sin cortar fondos militares, Kucinich es rotundo: ni más tropas ni más dinero. Eso no quiere decir que el hombre que fuese alcalde de Cleveland a los 31 años pretenda abandonar a los iraquíes a su suerte, sino todo lo contrario. El detallado plan de 12 pasos que presentó ayer incluye esfuerzos para estabilizar el país con la ayuda de la comunidad internacional y reflotar su economía, pero sólo después de haber sacado a todas las tropas estadounidenses, cerrar las bases y sustituirlas por cascos azules, la mayoría de origen musulmán. Lo contrario de lo que propondrá mañana el hombre al que aspira a suceder en la Casa Blanca, que según Kucinich quiere prolongar la invasión del país hasta su salida en 2009. Entre los aspectos más controvertidos de su alternativa destaca el regreso de todos los contratistas americanos en Irak, a los que acusa de corruptos, y abandonar los esfuerzos de privatización petrolera.