En un gran espectáculo mediático, prometió ser el presidente de todos los franceses

La derecha, excepto Chirac, aclama a Sarkozy como candidato al Elíseo

Acaparó el 98% de los votos emitidos por los militantes del movimiento de los conservadores galos

Un pletórico Nicolas Sarkozy saluda a los asistentes rodeado de la cúpula de la UMP

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Esperanza Suárez - corresponsal | parís
León

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Sarkozy dice haber cambiado. Lo repitió con insistencia tras recibir el 98,1% de los votos de los militantes que apoyaron su candidatura única como aspirante de la derecha a la Presidencia de la República francesa en primavera. Su primer mensaje, un llamamiento a la unidad del partido y una propuesta de programa que apuesta por la mano dura para convertirse en «el presidente de todos los franceses». Sin presencia, representante o mensaje alguno de Jacques Chirac, unos 78.000 militantes le proclamaron oficialmente como su candidato al Elíseo. Como primera muestra de buena voluntad, Sarkozy tomó la palabra antes de lo previsto para pedirles que evitaran los silbidos y abucheos hacia el visitante que estaba a punto de llegar: el primer ministro Dominique de Villepin, que no le dio su voto, hizo una fugaz aparición y estrechó manos a su lado mientras un grupo de comediantes chinos hacían imposible que se oyera algo más que la fanfarria. Otros antiguos fieles a Chirac subieron a apoyarle en la esce-na final, con Sarkozy respaldado por los chicos del coro cantando La Marsellesa. Alain Jupé, Michelle Alliot-Marie, Jean-Louis Debré dieron peso al cartel de campaña elegido por el candidato: su foto en un paisaje de cielo despejado con una gaviota solitaria al fondo... y el lema «Juntos todo es posible». La Unión por un Movimiento Popular (UMP) eligió el Palacio de Exposiciones de la Puerta de Versalles, donde Chirac fundara el RPR, el precursor del actual partido, para una proclamación que ha costado tres millones y medio de euros. Ideológicamente, Sarkozy se define de derechas, pero no acepta que le llamen conservador porque rechaza «una Francia inmóvil». Defiende una «ruptura tranquila» y «la república real frente a la virtual». Se propone «moralizar» el capitalismo y adelanta que una de sus primeras medidas será una ley de servicios mínimos que evite que «los ciudadanos se conviertan en rehenes» de las huelgas del transporte. Poniendo por delante su con-dición de hijo de inmigrantes, advierte que quien quiera quedarse tendrá que integrarse, sin burkas ni poligamia. Y aunque defiende a ultranza la condición laica del Estado galo, toma posición: «Somos herederos de 2.000 años de cristianismo». Marcando una vez más sus dife-rencias con Zapatero, exige a la Unión Europea que ponga fin a la posibilidad de los estados miembros de proceder a «regularizaciones masivas» de inmigrantes. Proclama su «amistad indestructible» con EE.UU. pero se reserva la posibilidad de decirles no cuando «quieren americanizar el resto del mundo». Y en este punto, rindió homenaje al ausente Chirac por su oposición a la guerra de Irak. Toda su vida soñó «ser útil a Francia». Ayer dijo haber cumplido «la primera etapa de ese sueño» El Partido Socialista (PS) francés tachó de «extremadamente inquietante» y «retrógrado» el discurso de Nicolas Sarkozy tras ser proclamado candidato al Elíseo por el partido conservador gobernante Unión por un Movimiento Popular (UMP). Mientras, Ségolène Royal, que hace dos meses fue elegida por los socialistas para defender sus colores en las elecciones presidenciales de abril-mayo próximos, se negó a comentar la designación de Sarkozy por la UMP. «No tengo un comentario particular que hacer».

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