El objetivo es sustituir una rampa de madera por otra de carácter fijo
Polémicas obras israelíes en la Explanada de las Mezquitas
Los líderes palestinos piden la movilización con el fin de proteger el santuario musulmán La Mecaya acoge alas facciones
Israel comenzó ayer, bajo estrictas medidas de seguridad, las obras para renovar uno de los accesos a la Explanada de las Mezquitas, trabajos que los líderes islámicos palestinos consideran una amenaza a la mezquita de Al Aksa. Las obras realizan en la parte que conecta la Explanada, a la altura de la mezquita de Al Aksa, con el extremo sur del Muro de las Lamentaciones, en el lugar conocido como «Puerta de los Magrebíes». «Se trata del mismo despliegue preventivo que adoptamos en días festivos, tanto musulmanes como judíos, o en ocasiones delicadas y que incluyen ciertas restricciones de acceso y una mayor presencia de patrullas policiales por la ciudad vieja», dijo a Efe Miki Rosenfeld, portavoz de la Policía israelí. Entre las restricciones está la de que palestinos varones menores de 45 años no podrán acceder a la Explanada de las Mezquitas en los próximos días, como así tampoco los turistas ni ningún otro visitante no autorizado. Las obras de remodelación del acceso se realizan en la parte que conecta la Explanada, a la altura de la mezquita de Al Aksa, con el extremo sur del Muro de las Lamentaciones, en el lugar conocido como «Puerta de los Mugrabis» (magrebíes), usada generalmente por turistas y no musulmanes. El objetivo, según la Dirección de Antigüedades, es sustituir una rampa de madera construida hace tres años, después de que un terremoto causara severos daños a la rampa anterior de piedra y cemento, para levantar otra, esta vez también fija. Ayer, después de la virulenta reacción de algunos líderes palestinos locales, el jefe del Buró Político de Hamás en el exilio, Jaled Mishal, advirtió desde Damasco que «Israel está jugando con fuego» y «conoce las consecuencias de tocar Al Aksa». Adnán al Huseini, director del Wakf Islámico, explicó que «el proyecto se remonta a tres años atrás, y ya desde entonces expresamos nuestra tajante oposición». «Es una zona donde se concentran 1.500 años de la historia de Jerusalén, y que además está al lado de la mezquita de Al Aksa, y tememos que pueda causarle daño», manifestó. Al Huseini sostuvo que detrás del proyecto están realmente colonos que tratan de «judaizar» la ciudad vieja y que «pagan los trabajos de la Dirección de Antigüedades». «Es un proyecto muy grave y un paso hacia adelante para destruir Al Aksa», afirmó. La nueva rampa, sobre ocho pilares de hormigón y tres veces más larga que lo planeado en un principio, pasará encima de uno de los parques arqueológicos más importantes del mundo, lo que también despierta el recelo de arqueólogos israelíes, que se oponen a cualquier construcción permanente en la zona. La arqueóloga Eilat Mazar, de la Universidad Hebrea y quien efectúa excavaciones en la zona, cree que el recorrido original, mucho más corto y en el mismo lugar antes del terremoto, es más lógico y además evitaría todo tipo de tensiones como las que se están produciendo. «La única razón por la que se ha elegido el proyecto es porque así, cualquiera que entre en el Monte del Templo no tiene que acercarse a la explanada del Muro de las Lamentaciones», explicó.