Una desesperación patológica de la madre parece la causa del infanticidio en la localidad belga de Nivelles
La familia feliz que parecían componer Genevieve Lhermitte y Bouchaib Mokadem no lo era tanto. La madre que el miércoles, cuchillo en mano, dio muerte a sus cinco hijos pequeños se encontraba, efectivamente, en tratamiento psiquiátrico, víctima de una depresión que la agobiaba desde hace seis años. Por lo visto, se sentía desbordada por las obligaciones domésticas y familiares y su marido, frecuentemente de viaje, no le resultaba un apoyo suficiente para hacerles frente. La explicación última de la tragedia vivida esta semana en la pequeña localidad belga de Nivelles parece ocultarse, por lo tanto, en los recovecos de la fragilidad humana, aunque una serie de circunstancias -las ausencias frecuentes del marido, su extracción cultural radicalmente distinta de la de Genevieve, los antecedentes familiares de esta-, apuntan un cuadro complejo en el que los altos niveles de exigencia personal de la madre para con sus hijos, y unos patrones de comportamiento resultantes, por lo visto, más de un modelo idealizado de convivencia que de la realidad de la pareja, habrían terminado abocando a Genevieve a una contracción básica de la que no supo salir ni con apoyo psicológico, y que intentó conjurar acabando con el motivo de sus desvelos -sus hijos-, y con su propia vida. Causas personales En Bélgica, ayer, la tragedia de Nivelles era motivo de congoja común. Este es un país pequeño, donde todo se encuentra a la vuelta de la esquina y hechos de esta naturaleza se hacen ominosamente próximos. A falta de una explicación formal de lo sucedido, que la Justicia prepara después de haber oído al marido, y con Geneviève recuperándose de sus heridas, afloraban circunstancias de la vida de la pareja que pueden haber desempeñado algún papel en el drama.