| Análisis | La estrategia de Washington |
Hablando con el enemigo

Soldados americanos atienden a un joven iraquí herido durante un tiroteo en Bagdad
En realidad, los norteamericanos empezaron a tener contactos con la insurgencia iraquí entre finales del 2004 y principios del 2005. Al principio eran clandestinos, porque en Washington la doctrina oficial (y la oficiosa también) era que con los insurgentes no cabía otra cosa que el combate. Los primeros encuentros fueron llevados a cabo por oficiales del Ejército de segundo nivel o por agentes de inteligencia, gente que estaba en el terreno y que sabía que las armas no estaban derrotando a los rebeldes. Querían saber más, buscar otras soluciones. El objetivo era averiguar con qué parte de la insurgencia se podía hablar, pactar con ellos y aislar a Al Qaida. Tenían una intuición: la resistencia estaba mayorita-riamente formada por nacionalistas suníes que luchaban por recuperar la hegemonía que habían mantenido duran-te décadas. Estos grupos tenían un ideario más político que religioso Además, a los nacionalistas no les gustaba Al Qaida y aún menos su líder, el jordano Abu Musab al Zarqaui. Para ellos, que un extranjero se autoproclamara líder de la resistencia era una humillación.EE.UU. pensó que si conseguían insertar a los nacionalistas en el sistema, ellos mis-mos acabarían con Al Qaida. Se mantuvieron reuniones con el Ejército Islámico de Irak y con las Brigadas de la Revolución de 1920, los dos grupos nacionalistas más importantes. Zalmay Khalilzad, el embajador norteamericano, no hizo sino dar rango semioficial a esos encuentros. Fue a finales del 2005. Pero para entonces la guerra civil entre suníes y chiíes había aupado a los más extremistas. «Nunca conseguimos hablar con alguien que fuera capaz de reducir la violencia», confesaba .