| Perfil | Boris Berezovsky |

El intrigante que se vio amo de Rusia

Berezovsky es uno de los siete hombres más ricos de su país

Publicado por
Enrique Clemente - redacción
León

Creado:

Actualizado:

Boris Berezovsky, nacido en 1946 en el seno de una familia moscovita de clase media, ju­dío, brillante matemático que llegó a ser académico, amasó su inmensa fortuna en los años del capitalismo salvaje de los 90, bajo la presidencia de Yeltsin. Se convirtió en el oligarca por antonomasia del régimen gracias a sus cone­xiones privilegiadas con La Familia yeltsiniana. Según escribe Rafael Poch en La gran transición, «lo ca­racterístico de Berezovsky no era tanto su condición de ru­fián, sino su manifiesto exhibi­cionismo». No le importó, por ejemplo, declarar al Financial Times que los siete hombres más ricos de Rusia, entre los que se encontraba, habían in­vertido grandes cantidades de dinero -unos 3.000 millones de dólares- para que un ya decrépito Yeltsin fuera reele­gido en 1996 y que se lo iban a cobrar. «Ahora tenemos que cosechar los frutos de nuestra victoria ocupando puestos cla­ve en el Gobierno», afirmó sin el menor pudor. Y, en efecto, fue nombrado vicesecretario del Consejo de Seguridad. En aquella época se creía el dueño del país y llamado a jugar un papel determinan­te en la historia rusa. Era el nuevo Rasputín que poseía un imperio económico es­pectacular (la distribuidora de los coches Lada, Aeroflot, un grupo petrolero, la televisión de mayor audiencia, un diario, intereses en grandes bancos) y era el protegido de Yeltsin. Su gran objetivo era que nada cambiara cuando éste abando­nara el poder. El magnate vio en el ex es­pía del KGB Vladimir Putin el sucesor que le permitiría man­tener su privilegiada posición y su influencia en el Kremlin. Por eso puso a su disposición servil e interesadamente su televisión y le ayudó a ganar en marzo del 2000. Contra los oligarcas Sin embargo, «el intrigante más poderoso de Rusia» -como le llama el periodista David E. Hoffman en su libro Los oligarcas-, se equivocó de plano. Los desencuentros surgieron de inmediato y la ruptura se produjo en mayo. Putin estaba dispuesto a destruir a los impopulares oligarcas, que representaban el principal desafío a su po­der. Obligó a Berezovsky a vender su televisión y éste se tuvo que exiliar a Londres. Hoffman relata cómo fue el último encuentro de Putin con «el genial intrigante que, con sus propias manos, su ilimitada ambición y sus sueños de grandes riquezas había contribuido más que nadie a modelar la era de los oligarcas». «Tú, tú fuiste uno de los que me pidieron que fuera presidente. ¿Cómo puedes quejarte ahora», le es­petó el gélido Putin sin que el hiperactivo Berezovsky pudie­ra articular palabra. Buscado por la justicia rusa, que pidió en vano su extradi­ción, siguió intrigando desde Londres. Su último ataque a Putin fue culparle del ase­sinato del ex agente secreto Alexander Litvinenko.

Cargando contenidos...