La policía fue advertida en el 2005 de sus tendencias suicidas y de que acosaba a dos mujeres
El asesino de Virginia ingresó en una clínica mental hace dos años El armero no se siente responsable
El Gobernador investigará si fue correcta la a ctuación de la Universidad durante el tiroteo

SHANON STAPLETON
Cho Seung-Hui, quien el lunes mató a 32 alumnos y profesores de la Universidad Politécnica de Virginia antes de quitarse la vida, fue ingresado en una clínica mental a finales del 2005 después de que acosara a dos mujeres y mostrara tendencias suicidas. Así lo confirmó ayer el jefe de policía de la universidad, Wendell Flinchum. Ninguna de las dos chicas que lo denunciaron figuran entre las víctimas de la peor masacre estudiantil en la historia de EE. UU. Tampoco ninguna presentó entonces cargos contra él. Tras estos incidentes, y después de que su compañero de cuarto dijera a los agentes que Cho tenía tendencias suicidas, la policía le recomendó que visitara a un especialista y él aceptó ser evaluado por un centro mental de Balcksburg, en el que entró el 13 de diciembre del 2005, estando un par de noches. La policía está examinando su expediente médico para hallar alguna pista sobre los motivos que lo llevaron a protagonizar el baño de sangre. Los agentes registraron su dormitorio en la residencia universitaria llevándose entre otras cosas una computadora, libros, cuadernos y una cámara digital. Las nuevas revelaciones salieron a la luz en medio de testimonios de algunos profesores que ya avisaron a los psicólogos de la universidad de la rara conducta del surcoreano y de lo macabro de alguna de sus redacciones y relatos. Mientras, el gobernador de Virginia, Tim Kaine, ordenó que una comisión investigue sobre si fue correcta la reacción de la dirección de la Virginia Tech durante la masacre. Los estudiantes se quejaron de que no fueron avisados a tiempo tras el primer tiroteo, ocurrido dos horas antes del segundo.. Retorno a la normalidad La Universidad Politécnica de Virginia reabrió sus oficinas administrativas tras el tiroteo más letal por parte de un individuo en EEEUU, pero para profesores y alumnos será más difícil reponerse de la tragedia. Con las clases suspendidas hasta el lunes, el campus está muy vacío, parece mayor que lo que realmente es. Algunos alumnos se mueven en pequeños grupos, hablan en voz baja, se acercan a colocar flores a un altar improvisado frente al edificio Burruss, en la explanada central, contiguo a Norris Hall, donde el lunes murió la mayoría de las 32 víctimas y el atacante, Cho Seung-Hui. A mediodía algunos estudiantes se congregaron para rezar en un círculo, asidos de la mano. Las oficinas, los laboratorios y los departamentos reabrieron hoy sus puertas pero, para muchos empleados y alumnos, lo importante fue reencontrarse con sus colegas tras la tragedia.