Pese a no dar consigna de voto le criticó con dureza porque le ve «perjudicial para la democracia»
Bayrou arremete contra Sarkozy y mantiene la puerta abierta a Royal
POOL
«Ni quito ni pongo rey pero ayudo a Ségolène». La paráfrasis de la histórica cita castellana resume el ejercicio de funanbulismo político al que se entrega François Bayrou. El líder centrista no da consigna de voto a sus 6,8 millones de electores (18,57%) para la segunda vuelta de las presidenciales francesas el próximo 6 de mayo. Pero se muestra mucho más duro en sus críticas con el candidato conservador y gran favorito, Nicolas Sarkozy, mientras que no cierra la puerta a un entendimiento con la aspirante socialista, Ségolène Royal. Si algo quedó claro en la concurrida comparecencia ante la prensa de Bayrou este miércoles en París es que Sarkozy puede despedirse de contar con su voto personal. «A la hora actual, yo no sé lo que haré pero comienzo a saber lo que no haré», declaró con una frase de significado inequívoco a la luz de su contexto: un ataque en toda regla a la personalidad del presidenciable conservador y una denuncia de los «riesgos» que conllevaría su triunfo en las urnas. Bayrou arremetió contra las connivencias de Sarkozy con el mundo de los negocios y los poderes mediáticos, «su gusto por la intimidación y las amenazas», su manera de ejercer y concentrar el poder, incluido el control de los medios de comunicación, así como las amenazas de desgarro del tejido social y de división de los franceses. Le encuentra semejanzas con el ex-primer ministro italiano Silvio Berlusconi y, si accede al Elíseo, «va a concentrar los poderes como jamás alguien lo ha hecho». En el otro platillo de la balanza, el examinador centrista juzga que Royal presenta mejores intenciones en materia de respeto a las libertades e higiene democrática. Pero le parece que su programa va «exactamente en dirección contraria a las orientaciones necesarias» para la economía francesa aparte de ser negativo para el equilibrio político y social. Su gran defecto es proponer al Estado como único factor resolutivo de los problemas. En suma, el Salomón bearnés no acepta «ninguno de los dos riesgos» y abriga «inquietudes por los dos». «Nicolas Sarkozy y Ségolène Royal, en el cara a cara sempiterno de la derecha sempiterna y de la izquierda sempiterna no van a reparar sino que amenazan con agravar los males de las sociedad francesa», sentenció. A los dos les reprochó sus propuestas de aumento del gasto público o la bajada de retenciones fiscales por incrementar déficit y deuda. En consecuencia, como el remedio está en el centro, confirmó la creación de un nuevo partido político. En realidad se trata de transformar la desvirtuada Unión para la Democracia Francesa (UDF), la confederación de democristianos, liberales y derechas no gaullistas fundada en 1978 por Valéry Giscard d'Estaing, en una nueva formación que pretende bautizar con el nombre de Partido Demócrata. Su idea es que sirva de contrapeso en el centro a los dos mastodontes del panorama francés: la UMP conservadora y el Partido Socialista. El renovado polo centrista presentará «más que nunca» candidatos a las elecciones legislativas de junio en las 577 circunscripciones. Cual galán acosado de novias, Bayrou reconoció que los finalistas del 6 de mayo le han dejado mensajes en su móvil que no desveló. Tras observar que «no practico el mercadeo», se limitó a mostrar su disposición a aceptar el diálogo público que Royal le propuso el lunes. Ese diálogo tendría como finalidad de «aclarar los puntos de encuentro y los desacuerdos».