Diario de León

La visita por sorpresa a suelo iraquí se realiza diez días antes del informe sobre la situación OPINIÓN | Crónica | Libro polémico |

Bush estudia retirarse de Irak si seconsolidan los niveles deseguridad Replegarse, retirarse e irse La «otra» Casa Blanca

El presidente se reunió con Maliki y con los jefes de los clanes tribales contrarios a Al Qaeda

Bush en un baño de multitudes con las tropas norteamericanas  en un momento de las fotografías

Bush en un baño de multitudes con las tropas norteamericanas en un momento de las fotografías

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ENRIQUE VÁZQUEZ Mercedes Gallego - colpisa | al asad washington

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El presidente estadounidense, George W. Bush, anunció este lunes que se puede mantener la seguridad en Irak con menos tropas si, como estiman sus consejeros militares, sigue mejorando la situación en la provincia de Al Anbar. Bush llegó el lunes por sorpresa a la base aérea de esta región, en el oeste de Irak, para reunirse con líderes iraquíes y decidir la estrategia a seguir en este país del Golfo. El presidente estadounidense hizo estas declaraciones después de que su

se reuniese con el primer ministro iraquí, Nuri Al Maliki, y otros altos responsables de Bagdad y unos días después de que el general David Petraeus y el embajador estadounidense Ryan Crocker informasen al Congreso estadounidense sobre la estrategia norteamericana en Irak. , afirmó. Sin embargo, no precisó en qué número ni en qué momento las fuerzas estadounidenses podrían ser reducidas, dos cuestiones clave que han centrado un acalorado debate en Estados Unidos en torno a los cuatro años de guerra. Bush afirmó que el éxito en Anbar debe ser secundado por el gobierno de Maliki, que se ha visto atacado por ciertos sectores en Estados Unidos debido a su incapacidad para restaurar la seguridad en el país. El viaje de Bush y de sus principales asesores de defensa se interpretaba como un intento del Presidente de justificar los logros obtenidos, tras haber aumentado en enero en más de 26.000 soldados el número de militares estadounidenses desplegados en Irak. Esta visita tiene lugar, además, diez días antes de que se haga público un informe oficial sobre la situación en Irak. El jefe de las fuerzas estadounidenses en Irak, el general David Petraeus y el embajador de Estados Unidos en Bagdad, Ryan Crocker, deben entregar un informe los días 10 y 12 de septiembre, ante las dos cámaras del Congreso, sobre la estrategia decidida en febrero por el presidente Bush para poner fin a la violencia y ayudar a la estabilización de Irak con el envío de más refuerzos militares. Un informe de los servicios de inteligencia estadounidenses advirtió el mes pasado que el envío de más soldados había provocado ciertos avances en seguridad. . La Casa Blanca informará de la situación al Congreso el 15 de septiembre para convencer a los parlamentarios de continuar financiando la guerra. EL PRIMER ministro británico, Gordon Brown, dijo ayer a la BBC que la salida de la guarnición británica del centro de Basora no es una derrota y que se trata de una operación prevista y organizada ( ) e hizo decir al Ministerio de Defensa que se ha hecho por iniciativa de la parte iraquí ( ) y que está asumida por la Coalición como parte del proceso previsto. Nada de esto es formalmente una mentira, pero no disipa la impresión de fracaso o esfuerzo inútil que ayer recogían los medios británicos. La imagen del soldado arriando la bandera británica en el patio del gran recinto (antiguas instalaciones palaciegas del presidente Saddam Hussein), aunque obligada y rutinaria, no ayuda a reforzar la tesis del Gobierno. Lo cierto es que 168 soldados británicos han muerto en Irak, la opinión ha terminado por ser abrumadoramente hostil a la guerra y hasta los conservadores, que la respaldaron sin duda, la cuestionan ahora, aunque con un punto de oportunismo de tono preelectoral: proponen abrir una investigación parlamentaria para averiguar por qué Tony Blair, mentirosillo y manipulador, fue a la insensata e ilegal aventura. Las necesidades de cada fuente se expresaban muy bien en los matices de la lengua inglesa para el sustantivo «retirada»: withdrawal, retreat, pull-out, según se quiera subrayar la noción de retirada, repliegue, salida etc. Es verdad que en Washington contaban con eso. Incluso parecían preparados para una acción más desinhibida del nuevo primer ministro y se supone que en su reunión con Bush en julio se moduló la salida contra la piadosa declaración de que todo estaba previsto. Lo principal está hecho: los británicos evacúan, lo hacen en orden (aunque de noche y bajo toque de queda) y los futuros repliegues serán menos dramáticos, por esperados. La actitud oficial norteamericana es de sintonía formal con este planteamiento, pero ciertas voces militares, como la del influyente general Keane, muy vinculado a la estrategia elaborada en el Pentágono para basar la decisión de Bush de perseverar a cualquier precio, no han ocultado su decepción con la general actitud de los británicos, que nunca enviaron tropas suficientes al sur ni supieron garantizar la seguridad y creen que la situación irá a peor. Pese a la imagen hermética que el gobierno de los 'neocon' ha ofrecido durante los seis años y medio que lleva en el poder, no todo han sido parabienes, según revela un libro que llega este martes a las librerías, y en el que se diseccionan las intrigas de la Casa Blanca. Según relata Robert Drapper en «Muerte Cierta: La presidencia de George Bush», que ha tenido hasta seis entrevistas con el mandatario, el equipo de dinosaurios que parecía ejercer una disciplina de lealtades inquebrantables ha expresado con más frecuencia de la que se pensaba su disgusto hacia figuras controvertidas como el vicepresidente Dick Cheney o el ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld, ambos viejos colaboradores del gobierno de Bush padre. Karl Rove, por ejemplo, calificado por el propio Bush como su arquitecto electoral, y conocido como «el cerebro de Bush», título de un documental, se opuso al fichaje de Cheney como segundo de a bordo. Cheney había sido contratado para seleccionarle un vicepresidente, pero acabó decidiendo que él mismo era el mejor candidato para el puesto. Dado que Cheney había sido ministro de Defensa de Bush padre, Rove consideró que su adición a la papeleta electoral abonaba el mensaje de sucesión familiar con el que le atacaban los demócratas. «Seleccionar al máximo gurú de política exterior de papá iba contra el mensaje de campaña. Era peor que un fichaje fácil, parecía necesidad». Pero a Bush no le importó, dijo que se sentía cómodo con Cheney «y no vio peligro alguno en darle un poder sin precedentes en el puesto», Desde entonces el oscuro Cheney se convertiría en la persona que más influiría sobre Bush, además de su esposa Laura, que pese a las apariencias también metía la mano en las decisiones políticas. Fue el caso de Harriet Miers como candidata al Tribunal Supremo, defendido a ultranza por Laura, en contra de conservadores y demócratas. El mandatario también ignoró la opinión de su gabinete cuando un día les hizo votar informalmente durante una cena privada sobre la conveniencia de mantener a Rumsfeld en el cargo. Siete de ellos, incluyendo Condoleezza Rice, votaron en contra, mientras que él se sumó a los tres que le apoyaban, entre ellos Rove. Su sustitución llegaría siete meses después, tras el fracaso electoral El ex asesor de Bush también le traicionó cuando le aseguró personalmente que no sabía nada sobre el caso de la espía de la CIA Valerie Plame, cuya identidad fue filtrada a la prensa como venganza por las opiniones públicas que había expresado su marido en contra de la invasión de Irak. «Cuando Bush se enteró de que no había sido así, saltó hasta el techo», dice el libro.
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