La visita de Bush a Israel contará con un dispositivo de 8.000 policías
Cuando el 9 de enero, George Bush aterrice a bordo del Air Force One en el aeropuerto de Ben Gurion, los 45 kilómetros de carretera que unen el aeródromo con Jerusalén -la principal arteria del país, por la que diariamente circulan cientos de miles de vehículos- llevarán horas cortados en ambas direcciones para permitir al séquito del presidente norteamericano trasladarse sin sobresaltos hasta el céntrico y lujoso Hotel King David de la Ciudad Santa. Cerrado al público para la ocasión, a cien metros del consulado norteamericano, allí, las 237 habitaciones cuyos precios oscilan entre los 328 y los 2.058 dólares por noche, ya han sido reservadas, amén de otras 550 por toda la ciudad, a la espera de tan ilustre delegación. Entre ellas la exclusiva Suite Royal -a casi 3.000 dólares diarios- tapizada en terciopelo, con jacuzzi y comedor para doce invitados, donde el matrimonio Bush podrá disfrutar de una espléndida panorámica de la Ciudad Vieja y la muralla de Jerusalén, que será iluminada en verde especialmente para los ojos de la pareja. Habrá llegado el momento de poner a funcionar a toda máquina el imponente dispositivo de seguridad y de bienvenida que la Ciudad Santa prepara con frenesí estos días para recibir al presidente de los Estados Unidos. Un huésped complicado, cuya visita ha desatado ya una frenética cadena de reuniones entre las autoridades norteamericanas, altos cargos de la Oficina del Primer Ministro israelí, el Ejército, la Policía y el Ayuntamiento de Jerusalén, llamadas a coordinar a los más de 8.000 agentes judíos que estarán permanentemente en alerta, dirigidos por el mismo mando que custodiaba a Isaac Rabin la noche que fue asesinado. Estas fuerzas locales sólo apoyarán en segundo círculo al dispositivo de los Servicios Secretos estadounidenses, que trasladarán a Israel en tres aviones Galaxy sus propios equipos.