El republicano McCain será el gran beneficiado si no se resuelve pronto la candidatura del partido rival

El triunfo de Clinton en Pensilvania alarga otro mes la pugna demócrata

La radicalización de las posturas podría evitar un gran acuerdo para las presidenciales

Hillary Rodham Clinton fue aplaudida por su marido en la victoria del pasado martes en Pensilvania

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Mercedes Gallego - filadelfia
León

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Hillary Clinton ganó. El drama continúa. Para los analistas, el verdadero perdedor de las primarias del martes en Pensilvania es el Partido Demócrata, condenado a arrastrar la pelea al menos un mes más. Atrás han quedado los tiempos de Iowa o New Hampshire en que los demócratas se congratulaban por haber dado con dos buenos candidatos capaces de arrebatar la Casa Blanca a los republicanos. Hoy muchos están dispuestos a votar por John McCain antes que por su rival. Algo pasó en Pensilvania. Durante el parón de siete semanas que precedió a estas primarias los candidatos se volvieron progresivamente hostiles, y con ellos sus seguidores. El resabio de esos ataques se manifestó el martes en las calles de Filadelfia, donde seguidores de Clinton y Barack Obama se enfrentaron desde ambos lados de la calle a gritos e insultos, separados sólo por barreras de policías para que la trifulca no llegase a las manos. Ocurrió primero en la calle Market, junto al emblemático edificio del Ayuntamiento, y por la noche a las puertas de otro edificio histórico, el que alberga al Hotel Hyatt donde Clinton celebró su victoria. Este miércoles todavía los carteles de Toca el claxon por Hillary contaminaban el barullo urbano y provocaban altercados entre los conductores. Si unos meses atrás los partidarios de ambos prometían unirse en torno a quien ganase la nominación, ya nada está más lejos de la realidad. Según las encuestas a pie de urna del estado por el que pasa el camino hacia el 1600 de la avenida Pensilvania (dirección postal de la Casa Blanca), sólo la mitad de los demócratas católicos que van a misa estarían dispuestos a votar por Obama en noviembre. El 25% votaría por McCain y el otro 25% se quedaría en casa. En la calle esos sondeos cobraban voz propia y revelaban lo enconada de esta lucha pasional. «¡De ninguna manera!», clamaba Shug Davis, una voluntaria de Clinton. «Barack Obama es todo labia. Al principio me caía bien pero ahora me doy cuenta de que no es más que un oportunista político. Yo no votaría Nunca por él, y muchos, muchos de los seguidores de Hillary piensa los mismo».

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