El pastor de Obama torpedea en un programa de televisión su campaña con unas declaraciones incendiarias

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Marcedes Gallego - nueva york
León

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Desde que hace un mes y medio uno de sus sermones abriese la caja de Pandora de las diferencias raciales, Jeremiah Wright se ha mordido la lengua. Ayer, el incendiario reverendo que casase a Barack Obama y bautizase a sus dos hijas explotó como un volcán frente a las cámaras de medio país, en una calculada gira mediática con la que traicionó la máxima de su madre: «Es mejor quedarse callado y que piensen que eres un tonto, a despejar todas las dudas», recordó él mismo al explicar su silencio. No dejó títere con cabeza. Durante el turno de preguntas, el pastor afroamericano de Chicago comenzó reafirmándose en una de sus más controvertidas declaraciones, aquélla en la que acusó a su país de haberse buscado los ataques del 11-S porque «lo dice la Biblia, no lo digo yo», advirtió desafiante. «Jesús dice 'No le hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti', y no se puede hacer terrorismo en otros pueblos y esperar que nunca se vuelva contra ti». Le aplaudían escandalosamente decenas de simpatizantes que le acompañaban, entre ellos miembros de los Panteras Negras y de la Nación del Islam, que le proporcionó guardas de seguridad mientras él defendía a su líder, Louis Farrakan, como una de «las figuras más importante de los siglos XX y XXI», dijo del personaje que más teme los blancos de EE.UU.. «No me vas a decir quién son mis enemigos», retó a la periodista. «Él no me encadenó, no me esclavizó ni me hizo de este color». El reverendo demandó que su país deje de oprimir a los afroamericanos y les ofrezca una disculpa pública acompañada de acciones. «Si te piso y te pido perdón, pero sigo poniéndote el pie encima, ¿me perdonas?», cuestionó. Soplarse los puños Sólo le faltaba soplarse los puños después de cada embestida. El pastor sonreía satisfecho, daba saltitos triunfantes y se balanceaba por el cuadrilátero del National Press Club saludando a sus seguidores. Antes de ofrecerse para vicepresidente de Obama, le asestó un golpe mortal al negar que se haya distanciado de él, como sostiene su campaña. «Si Obama no dice eso nunca lo elegirían», reveló. «Los políticos hablan basándose en las encuestas. Yo seguiré siendo pastor el 5 de noviembre (día de las elecciones generales)». «Knock out» para el candidato de la esperanza que ha entusiasmado a los jóvenes con la idea de que no actúa como un político. El reverendo Wright se reafirmó también en otras polémicas declaraciones, como la que compara a Israel con el régimen del Apartheid, o que el sida bien pudo ser inventado por su gobierno, al que cree «capaz de cualquier cosa», para acabar con las minorías. Y cuando se cuestionó su patriotismo recordó sus 6 años de servicio en el ejército. «¿Cuántos años ha servido (el vicepresidente Dick) Cheney?, preguntó retórico. De Irak, recordó que no hacía falta invadirlo para averiguar si tenían armas de destrucción masiva, «todo lo que teníamos que hacer es revisar la lista de ventas».

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