| Crónica | Un gesto de autoridad |
Un trayecto de 9,3 kilómetrosque contó con unos 136relevos
Este segundo paso de la antorcha olímpica provocó que Lhasa se encontrara bajo una «virtual ley marcial», un relevo con el que Pekín quiere dejar clara su soberanía sobre la región tibetana
La antorcha olímpica efectuó un breve y tenso recorrido por el Tíbet, escenario de las protestas de hace tres meses contra el gobierno comunista chino, que desplegó numerosos efectivos de seguridad y recortó un trayecto amenazado por posibles protestas. Un total de 156 portadores se sucedieron cada 30 segundos en el recorrido de 9,3 kilómetros en Lhasa que finalizó a las 10.45 hora local en el palacio de Potala, ex residencia del Dalai Lama, líder espiritual y político tibetano exiliado en la India desde 1959. Según datos de la agencia oficial de noticias Xinhua, la mitad de los portadores eran de etnia tibetana y la otra mitad, china. Los corresponsales trasladados al Tíbet, accesible para la ocasión tras ser cerrado al exterior después de las protestas, han señalado que el recorrido se produjo sin altercados. El relevo, en el que convergían la antorcha que el pasado 8 de mayo culminó por primera vez el Everest con la que realiza el recorrido principal, se produce pocas horas después de que Pekín anunciara la liberación de más de mil manifestantes tibetanos que participaron en las protestas del 10 marzo. Este segundo paso de la antorcha por la región autónoma, que disfrutó de periodos de autonomía antes de la llegada de los comunistas chinos en 1950, provocó la condena de grupos de derechos humanos, como Human Rights in China (HRIC), que advirtió en un comunicado de mayores tensiones por esta «provocadora decisión». El grupo tibetano independentista Estudiantes por un Tíbet Libre denunció, por su parte, que Lhasa se encontraba bajo una «virtual ley marcial» por el paso del fuego olímpico, un relevo con el que Pekín quiere dejar clara su soberanía sobre la región tibetana.