La oposición califica de «farsa» las presidenciales en Zimbabue y se retira
El jefe de la oposición en Zimbabue, Morgan Tsvangirai, se retiró ayer de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales al estimar que la violencia actual imposibilita unos comicios justos, una decisión que prácticamente garantiza la reelección del veterano Robert Mugabe. «Nosotros, en el MDC (su Movimiento por el Cambio Democrático), no podemos pedir (a los electores) que voten el día 27 porque este voto podría costarles la vida», declaró Tsvangirai en rueda de prensa en Harare. «No seguiremos participando en esta farsa violenta e ilegítima de este proceso electoral», aseguró. Según Tsvangirai, Mugabe «ha declarado la guerra al afirmar que las balas de fusil prevalecen sobre las papeletas de votación». Mugabe y Tsvangirai debían disputar el próximo viernes la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, después de casi dos meses del primer duelo y de varias semanas de crispación y violencia política. «Creemos que unos comicios que reflejen la voluntad del pueblo son imposibles», estimó. Su abandono sirve prácticamente en bandeja la victoria por defecto a Mugabe, de 84 años, que ha gobernado el país desde su independencia de Gran Bretaña, en 1980. El partido de Mugabe, la Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente Patriótico (Zanu-PF), juzgó que Tsvangirai decidió retirarse de las presidenciales porque «no le quedaba otra opción» si quería «evitar una derrota humillante». El líder opositor «sabe que» su partido «no se ha preparado lo suficiente y que él ha pasado demasiado tiempo en el extranjero reuniéndose con gente que no cuenta mucho», dijo el portavoz del Zanu-PF, Patrick Chinamasa. Tsvangirai realizó una gira diplomática tras la primera vuelta de las presidenciales del 29 de marzo, en la que aventajó a Mugabe, sin lograr empero la mayoría necesaria para evitar el segundo duelo. Por otra parte, el jefe del MDC negó que su retirada de la carrera electoral se deba a una petición personal del presidente sudafricano, Thabo Mbeki, de aceptar la formación de un gobierno de unidad nacional con Mugabe. Varios rumores apuntaban precisamente a que Mbeki, mediador en la crisis, estaba presionando a ambas partes para cancelar la segunda vuelta y entablar un diálogo.