La votación parlamentaria para el relevo presidencial se llevará a cabo mañana y cerrará una era | Crónica | Perfil |
Alí Zardari se perfila como sucesor de Musharraf al frente de Pakistán La prolongación de Bhutto
Tras la dimisión de Musharraf, muchos vieron abrirse la puerta para el fin de la dictadura La fuerza del Partido Popular de Pak

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Pakistán elige mañana al sucesor del dimitido Pervez Musharraf en la Presidencia del país, en una votación parlamentaria que cerrará una era y pondrá previsiblemente todo el poder en manos del PPP de Asif Alí Zardari. La votación para el relevo presidencial se produce sólo once meses después de la reelección de Musharraf, que aspiraba a seguir en el poder cinco años como civil pero quedó arrinconado sin mando ya sobre el Ejército. La derrota de sus fuerzas en los comicios de febrero puso el Gobierno en manos del PPP, que pactó una coalición con la Liga Musulmana-N del ex primer ministro Nawaz Sharif, en virtud de la cual se repartieron el poder central y en las provincias. El 18 de agosto, cuando Musharraf dimitió para evitarse un proceso de impugnación, Zardari y Sharif se felicitaron por el «fin de la dictadura» en Pakistán. «Su misma marcha ya marca una etapa nueva» para Pakistán, con un presidente civil, identificado con un partido político, y un Ejército que «ahora está comprometido» con el Gobierno democrático, destacó una fuente diplomática, que da por descontada la victoria de Zardari. Promesa electoral Pero la era post-Musharraf arrastra conflictos que sus líderes no han sabido resolver, enzarzados en disputas mientras el país padece una nueva ola de violencia integrista y una crisis económica que, según la fuente, lo ha dejado sin reservas, al borde de la suspensión de pagos. Zardari, viudo de la asesinada Benazir Bhutto, ha prescindido de Sharif en cuanto dimitió Musharraf, pero sigue haciéndole las mismas promesas aún incumplidas: la restauración de una judicatura independiente y el recorte de los poderes presidenciales. «Heredará una Presidencia con muchos poderes y no va a renunciar a ellos», opinó en alusión a su promesa electoral de abolir la prerrogativa de disolución del Parlamento que tiene el jefe del Estado. Zardari ha sido el auténtico hombre al mando de Pakistán, hasta el punto de que el primer ministro, Yusuf Razá Guilani ha admitido que debía consultar con él antes de tomar alguna decisión. Tras sufrir cárcel, exilio y el desprecio de sus conciudadanos, que lo apodaron «el señor diez por ciento», Asif Alí Zardari, líder del Partido Popular de Pakistán (PPP), aspira a la Presidencia del país como regente de la dinastía Bhutto. La fuerza del PPP y sus aliados en las Asambleas del país, encargadas de la votación, lo convierte en favorito para suceder a Pervez Musharraf. Para llegar hasta aquí, Zardari no ha dudado en prescindir de su principal socio tras la victoria electoral del PPP en febrero, el ex primer ministro Nawaz Sharif, tras declarar que, para él, los acuerdos entre ambos no eran «sagrados como el Corán». Era una ruptura previsible, habida cuenta de que Zardari pasó casi once años en la cárcel con cargos levantados durante los Gobiernos de Sharif, que le dieron su fama de corrupto por las supuestas comisiones que cobraba. Nacido en Nawabshah, en la provincia de Sindh, el 21 de junio de 1956 en el seno de una familia de terratenientes de origen baluchi, el joven Zardari sólo cursó estudios de secundaria. En 1987, se casó en matrimonio concertado con Benazir Bhutto, la heredera de una dinastía política, educada en Oxford, que un año después -y con sólo 35- se convirtió en la primera mujer al frente del Gobierno de Pakistán. Zardari es popularmente considerado el responsable de la corrupción que acabó tempranamente con los dos Gobiernos de su esposa, alternos con Ejecutivos de Sharif. Tras la caída del primer Gobierno de Bhutto, Zardari fue acusado de extorsión y pasó tres años en prisión, hasta ser exonerado al recuperar su esposa el poder, en 1993. De nuevo cayó Bhutto (octubre de 1996) y otra vez Zardari terminó en prisión, esta vez por un periodo de ocho años durante los cuales se levantaron una docena de casos contra él, entre ellos por el asesinato de su cuñado, Murtaza Bhutto. El PPP mantuvo siempre que los cargos, ninguno de los cuales llevó a una condena firme, fueron motivados políticamente y que la estancia en prisión y las torturas sufridas en ella resintieron gravemente la salud de Zardari, diabético, aquejado del corazón y de dolencias de espalda. «La corrupción es un estado mental. Una persona corrupta (...) no habría sacrificado ocho años de su vida en prisión. Podría haber aceptado un acuerdo y haberme marchado» al exilio, dijo en una entrevista que concedió en 2005. La cárcel, el exilio y la temprana muerte de Bhutto en un atentado a fines de 2007 separó a la pareja Bhutto-Zardari, que pasó junta apenas cinco años de su matrimonio y tuvo tres hijos: Bilawal (1988), Bajtawar (1990) y Asafa (1996). Cuando fue excarcelado en 2004, Zardari se trasladó a Nueva York y no a Dubai, donde su esposa e hijos vivían en el exilio desde principios de 1999. «Soy un completo extraño para mis hijos», se lamentó una vez, aunque las crónicas de la época reflejan una vida de placer y lujo en la ciudad de los rascacielos, acorde con su fama de vividor y apasionado del polo y las mujeres.