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JOSÉ M. DE AREILZA CARVAJAL
León

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EL NUEVO ocupante de la Casa Blanca se va a encontrar con retos y dificultades como pocas veces ha ocurrido en la historia reciente de un relevo presidencial. Es cierto que el sistema constitucional norteamericano prevé de forma sabia un largo período de transición, por lo que el elegido no jurará su cargo hasta el 20 de enero. Hasta entonces, George Bush seguirá en funciones y el equipo saliente y el entrante consensuarán cualquier decisión importante, como las que puedan resultar de la cumbre económica del día 15 en Washington. Pero a partir del día en que se inaugura su mandato, el nuevo jefe del Estado tendrá que dirigir dos guerras, una en Irak y otra en Afganistán, y adoptar nuevas medidas para rescatar a su país de la recesión económica y la crisis financiera. Esta parte de la agenda que no ha escogido es enorme, le consumirá mucho tiempo y esfuerzo y, además, le impedirá emprender algunas de las reformas domésticas prometidas. En Irak la guerra se está ganando por fin, pero por ese motivo EE.UU. va a seguir invirtiendo costosísimos recursos humanos y materiales en la región, con plan de retirada progresiva o no. En Afganistán, todos los países occidentales estamos perdiendo esa contienda, un riesgo agravado por la inestabilidad creciente del vecino Pakistán. El nuevo presidente de EE.UU. no tardará en exasperarse ante la actitud pacifista e irresponsable de no pocos estados europeos. Rusia, China, Irán y Oriente Medio serán preocupaciones permanentes del nuevo inquilino de la Casa Blanca, pero por fortuna contará con unos meses para poder orientar su nueva política hacia estos países y regiones. Iberoamérica y el comercio mundial, dos asignaturas pendientes de Bush entre muchas otras, tendrán que esperar. En el plano doméstico, EE.UU. ha tomado ya las decisiones más difíciles para resolver la crisis financiera, al dedicar nada menos que el 15% de su PIB a salvar el sistema. A la vista de estos números, un comentarista económico preguntaba con sorna hace unos días: ahora, ¿qué no hará el nuevo presidente por los ciudadanos de a pie? Para empezar, cada uno de los norteamericanos va a asumir su parte de pérdidas por el pinchazo de la burbuja financiera, pero a continuación se adoptarán medidas para frenar la caída del consumo bien a través de programas de gasto, bien de bajadas de impuestos. Finalmente, el nuevo presidente deberá tener entre sus prioridades el impulso de una nueva regulación y un marco institucional distinto para los mercados de capitales, que impida la recreación de un sector financiero en la sombra.

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