Asegura que la Casa Blanca «es del pueblo» y no de las corporaciones
nueva york
Desde que Barack Obama fuese elegido presidente el pasado 4 de noviembre, a Howard Brandstein se le ha ido frunciendo el ceño cada vez más al oír los nombramientos de su gabinete. Transcurridas las primeras 72 horas de gobierno, la esperanza ha vuelto a hacerse un hueco en la mente de quien ha aprendido a ser escéptico con los políticos.
«Sus primeros pasos son muy, muy positivos», decía satisfecho el director del Sixth Street Community Center, que se dedica al activismo ciudadano desde hace décadas.
Obama ofrecía ayer al fin un titular que satisfacía a sus oyentes: «Obama ordena el cierre de Guantánamo y veta la tortura». Acciones como ésa, el fin de las cárceles secretas de la CIA, el frenazo a los tribunales militares o el nombramiento del ex senador George Mitchell como enviado especial para Oriente Medio han causado la euforia en EE.UU. Para asegurarse de que «la Casa Blanca es la casa del pueblo» y no de las corporaciones, Obama ha anunciado que «si eres un lobista que entras a trabajar para mi gobierno no podrás trabajar en ningún asunto ni ninguna agencia que hayas tratado en los dos años anteriores», señaló.