Victoria histórica de la ex guerrilla izquierdista en El Salvador

Funes, a la izquierda y el candidato a vicepresidente, Salvador Sánchez
la habana
«¡Sí se pudo!» y «Esta vez es diferente, Mauricio Funes presidente», eran los gritos de victoria coreados la noche del domingo por los simpatizantes del ex guerrillero Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).
La marea roja, otra más en el nuevo mapa latinoamericano girado a la izquierda, celebró la llegada del primer gobierno de izquierda en el pequeño país. Mientras tanto, las caras largas dominaban el cuartel general del oficialismo que volverá a la oposición tras 20 años de ser Gobierno.
Con el 99,4 % de los sufragios escrutados, el FMLN conseguía el 51,3 % de los votos válidos (1.349.142 votos válidos). La derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena), en el poder desde 1989, se acercaba con el 48,7 % (1.280.995).
El primer discurso de Funes como presidente electo fue conciliador. Acompañado de su vicepresidente, Salvador Sánchez Cerán, el único ex comandante del antiguo FMLN que continúa en el partido, y de su familia el periodista y profesor prometió respetar la Constitución, trabajar por la integración centroamericana, el fortalecimiento con los Estados Unidos, por el «bienestar general» de la mayoría de los casi 6 millones de salvadoreños, y en especial por los menos favorecidos, y «construir a El Salvador como la economía más dinámica de Centroamérica. Trabajaremos desde hoy».
El derrotado
Su rival, Rodrigo Ávila, reconoció pronto la derrota en presencia del presidente saliente Elías Antonio Saca, también de Arena. «Hemos sido y seremos una oposición constructiva, una oposición vigilante de que en nuestro país no se pierda el sistema de libertades», dijo.
«Este día ha triunfado la ciudadanía que creyó en la esperanza y venció el miedo. Esta es una victoria de todo el pueblo salvadoreño», agregó Funes en su primera rueda de prensa tras el triunfo. Aunque el FMLN ganó las legislativas de enero pasado, los partidos de derecha dominan la Asamblea Legislativa. También temen que el gobierno de la ex guerrilla se acerque demasiado a modelos como el venezolano o el boliviano y trate de reformar la Constitución