El primer funeral, el de un estudiante de la Universidad de L-™Aquila, se celebró ayer por la tarde

El seísmo de Italia deja 272 muertos y el 70% del patrimonio destruido

Tras la imprevisión y la ilegalidad urbanística surgen episodios de pillaje y estafas

Bomberos dan explicaciones sobre los daños a Berlusconi

Publicado por
Íñigo Domínguez
León

Creado:

Actualizado:

roma

Se llama Eleonora, una chica de 20 años, la última persona arrancada a la muerte de los cascotes de L-™Aquila la noche del martes, 42 horas después del terremoto. Después, silencio. Durante toda la jornada de ayer, cada hallazgo fue un cadáver y la lista de fallecidos subió hasta 272. De ellos, al menos 16 eran niños, una cifra menor de lo esperado. Los desaparecidos se calculan en una veintena, pero la esperanza de encontrar a alguno con vida se desvanece. El Ministerio de Interior ha anunciado que las búsquedas terminarán el domingo. Ayer ya se celebraron algunos funerales, pero el principal, con rango de Estado, tendrá lugar hoy.

Las historias sobrecogedoras no terminan. Dos novios, Giuseppe y Francesca fueron hallados el martes abrazados, 20 horas después del seísmo, pero sólo él estaba vivo y no sabía que ella había muerto.

Una estudiante de 21 años fue hallada vestida en la cama. Había enviado un mensaje de móvil a un amigo diciendo que tenía miedo de los frecuentes temblores de tierra e iba a dormir preparada para salir corriendo, con una mochila al lado. No le dio tiempo. Como esa joven, todo el mundo en la región del Abruzzo temía un terremoto, pues los seísmos se sucedían desde hacía tres o cuatro meses. Ésa ha sido la primera polémica de esta tragedia, si se había tomado en serio la amenaza. El terremoto en sí era imprevisible, pero ha quedado en evidencia que la respuesta de emergencia no estaba preparada. Todas las familias con que se habla en los campamentos coinciden en señalar que nadie les explicó nunca cómo actuar y a dónde dirigirse en caso de terremoto.

En los campamentos

Las víctimas que se agolpan en los campamentos provisionales mantienen una dignidad ejemplar, agradecen el esfuerzo de quien les ayuda y guardan silencio, pero a solas comentan lo que está a la vista.

Como siempre en Italia, las relaciones se resuelven a nivel personal, pero más allá comienza un Estado en el que no se confía y que se siente distante e ineficaz. Las tiendas de campaña han llegado tarde y sólo hoy los centros parecían instalados completamente. Los baños químicos son insuficientes y, por ejemplo, en Onna, epicentro del seísmo y símbolo de la tragedia, había tres para 200 personas hasta el martes por la noche. Las colas para conseguir comer jamón, mozzarella y pan son de hasta tres horas. No se comprende bien la lentitud de los suministros estando en buenas condiciones todas las carreteras y a una hora de Roma.

Más de 8.000 personas de socorro y voluntariado dan el alma con enorme generosidad, llegados de toda Italia, pero en medio de una descoordinación general. El resultado es que todavía miles de personas pasaron la segunda noche en coches o de forma precaria, con temperaturas de cuatro grados y lluvia a ratos. Y el miedo de los temblores constantes, 350 réplicas desde el lunes. Los últimos datos hablan de 28.000 personas sin techo, 17.000 de los cuales ya han sido acogidos en campamentos u hoteles de la costa adriática.

De los 11.000 restantes no hay explicaciones claras, pero han ido a casas de familiares o son toda esa gente que aún duerme en sus coches.

También emerge, como se podía esperar, el incumplimiento general de las mínimas normas de seguridad urbanística.

Cargando contenidos...

Tras lo extraordinario de Italia, la humanidad y heroísmo de tantos ciudadanos, también sale a a la luz lo peor, una amoralidad desconcertante. Se han registrado episodios de pillaje entre las ruinas. Causó estupor durante unas horas el arresto de dos personas en Onna, pueblo totalmente arrasado, con 80.000 euros, pero fueron puestos en libertad tras demostrar que el dinero era suyo.