Brown descarta dimitir pese a los malos resultados
La comedia de dimisiones impone un Gabinete de unidad en Reino Unido
Un hombre apuesta quién será el próximo primer ministro.
El primer ministro británico, Gordon Brown, formó ayer un nuevo Gabinete con los pesos pesados del laborismo, en una remodelación ministerial salpicada por la renuncia de ministros que le consideran un mal líder, de otros que se apartan de la política e incluso de una ministra que le acusó de utilizarla «como una mujer para su escaparate».
Esta comedia transcurrió mientras los resultados de las elecciones municipales que se celebraron en un tercio del país daban a los conservadores de David Cameron una victoria holgada, a los Liberales-Demócratas la ambición de seguir creciendo y a los laboristas un varapalo, que les deja sin control de ningún consejo regional en Inglaterra.
«No me agito, no me marcho, sigo con el trabajo que debo hacer», dijo el primer ministro en la tarde de ayer, cuando había completado la remodelación del Gabinete y encajaba los malos resultados electorales. El desenlace de los dramas de las últimas horas es que optó por la continuidad, cuando él habia aspirado a una revolución.
Filtración. El ministro de Hacienda, Alastair Darling, el de Asuntos Exteriores, David Miliband, habían hecho saber que no querían cambiar sus responsabilidades por otras, cuando los emisarios del primer ministro filtraron a la BBC que la intención de Brown era cambiarles su destino. Ayer, ambos conservaron sus carteras. Así quedaba apagado el motín de David Purnell, el ministro de Trabajo y Pensiones que, en la noche del jueves, nada más cerrarse los colegios electorales, anunció su dimisión, acompañada de una carta al primer ministro en la que le pedía su marcha para que el partido Laborista pueda aspirar a la victoria en las próximas elecciones generales.
El anuncio pareció durante hora y media la posible señal de una rebelión, el preludio de un golpe palaciego para relevar al impopular líder. Pero Miliband tardó ese tiempo en confirmar su apoyo a Brown. No había levantamiento de los jóvenes blairistas. Nadie seguía a Purnell, o a Hazel Blears, que dimitió el miércoles con trompetas de furia.
Pero la emergencia pública de desafíos obligó a Brown a acelerar la remodelación y a ser más taimado. Confirmó en Hacienda a Darling, su fiel servidor, y se evitaba una conflagración en el círculo íntimo. Confirmó a Miliband y allí terminó el peligro de que el reajuste terminara en una comedia de portazos entre presuntos altos dignatarios. Enemigo en casa
1397124194 Casos sencillos. Quedaban por resolver dos casos sencillos. Alan Johnson, el ex sindicalista que es percibido ahora como el centro de gravedad del laborismo, el posible líder que podía unir al partido, se ha ganado ese prestigio precisamente por no asociarse con filtraciones y maniobras. Brown le dio una de las grandes carteras, la de Interior.
Tiene cita el próximo lunes con el Grupo Parlamentario. ¿Habrá rebelión? ¡Cómo va a ocurrir si la lideran políticos como Caroline Flint, que apoyó a Brown el jueves y dimitió ayer como secretaria de Estado para Europa porque no le daba un puesto.