Reportaje | Rava-Rouska
La UE abre una puerta trasera
Polonia y Ucrania suspenden la necesidad de pasaporte y visado a los ucranianos que viven a 30 kilómetros de la frontera
Los Gobiernos de Polonia y Ucrania han suspendido la necesidad de pasaporte y visado para los ciudadanos ucranianos que vivan a 30 kilómetros de la frontera y quieran ir al país vecino.
Año y medio después de firmar el Acuerdo de Schengen, Polonia, que tiene que vigilar más de 1.000 kilómetros de frontera con Ucrania y Bielorrusia, se ha convertido en uno de los bastiones de la Europa rica frente a la inmigración clandestina y el contrabando de tabaco, alcohol y otras mercancías procedentes de los territorios de la antigua URSS.
Mientras Bruselas presiona a Varsovia para que no relaje la vigilancia, en los últimos años decenas de miles de trabajadores de la antigua Unión Soviética han conseguido trabajo en Polonia.
Los ucranianos encabezan la lista. Unas 100.000 mujeres trabajan en el servicio doméstico y miles de hombres en la campo y la construcción.
Antigua URSS. Ucrania, un país de más de 50 millones de habitantes que consiguió la independencia de la URSS en 1991, desalojó del poder a los poscomunistas en noviembre del 2004, durante la Revolución Naranja que dio la presidencia al opositor Viktor Yushenko en un proceso electoral empañado por su envenenamiento. Cinco años después, no ha conseguido estabilidad política ni salir de la pobreza. El paro, la emigración y la corrupción sangran el país.
La decisión de Varsovia y Kiev de liberalizar su zona transfronteriza no va solucionar los problemas de Ucrania, pero puede aliviar la existencia de miles de habitantes que viven a tiro de piedra de Polonia.
Ucrania es uno de los territorios más grandes y pobres de Europa oriental. Está en bancarrota y ha tenido que ser rescatado por organismos internacionales.