Reportaje | Fernando IturribarrÍa
Los franceses rechazan la dinastía Sarkozy
Francia desaprueba la idea del presidente de crear una saga política con su hijo
A medio mandato, período crítico en el bioritmo político, Nicolas Sarkozy atraviesa el momento más delicado desde su acceso hace dos años y medio al palacio del Elíseo. La polémica desatada en torno a las acusaciones de favoritismo y nepotismo en beneficio de su hijo Jean Sarkozy ha disparado las alarmas en la presidencia francesa. Por culpa de los caprichos de un principito consentido y adulado por los cortesanos, Sarkolandia ha dejado de ser el paraíso teórico de la democracia irreprochable, la recompensa al esfuerzo y la meritocracia erigida en religión de Estado para convertirse en una vulgar república bananera en la que impera el poder absoluto del hiper-presidente Sarkoleón, rey sol eclipsado por el amor filial.
Según los sondeos de opinión, al 64% de los galos le parece mal la probable elección de Jean Sarkozy al frente del Ente Público de Ordenación de La Défense, la City de París. También es mayoritario (51%) entre los propios simpatizantes de la derecha gobernante el sector disconforme con la entronización de un joven de 23 años, que nunca ha trabajado y sigue estancado en segundo de Derecho, a la cabeza de uno de los mayores barrios de negocios de Europa.
Famoso por su arco gigantesco alineado en una perspectiva kilométrica con la pirámide del Louvre y el Arco de Triunfo, La Défense es el escaparate de Francia en los medios económicos internacionales con sus rascacielos que albergan las sedes de las grandes empresas nacionales y multinacionales. Pero también es una pieza clave en la ambición de Sarkozy-padre de crear un Gran París metropolitano además de constituir una inagotable máquina de hacer dinero por derechos de construir y tasas empresariales en la que la oposición socialista ve una tentadora caja fuerte para financiar campañas políticas y proyectos menos edificantes.