Susana Corral: «Mi niña dice que por qué no nos dejan darle con la espada»
La viuda del agente de Tráfico arrollado por un fugitivo en la León-Benavente critica la condena: «Mi pena es de por vida pero el asesino estará en la calle en cinco años»
Susana Corral, la viuda del motorista leonés de la Guardia Civil que murió en julio del 2007 atropellado en la León-Benavente por un vehículo al que perseguía tras saltarse un control antiterrorista, lamentó la excesiva benevolencia de la sentencia que condena al autor del homicidio a nueve años y medio de prisión: «Mi niña dice que si la Justicia no nos ha hecho caso, por qué no nos dejan darle con la espada».
Miguel Ángel López, un agente de Tráfico de la Benemérita, falleció tras ser aplastado contra el quitamiedos en la autovía León-Benavente cuando perseguía a Pablo Aparicio Fernández, un palentino de 27 años residente en Sahagún, que se había saltado un control rutinario en la autovía León-Burgos, a la altura de Santas Martas, tras lo cual emprendió una huida a 180 kilómetros por hora.
La Audiencia Provincial de Zamora aplicó al condenado la eximente incompleta de enajenación mental transitoria causada por un brote psicótico, alegando que sentía perseguido y que temía por su vida, circunstancia por la cual se le redujo la condena notablemente sobre la pena que pedía el fiscal.
La viuda se preguntó en rueda de prensa: «¿Cómo creen ustedes que me puedo sentir después de esta sentencia? Un día mi marido salió a cumplir con su deber y ya no volvió, porque un impresentable lo mató y destrozó nuestras vidas. Si por mí fuese, lo condenaría de por vida. Hasta mi niña de siete años, a la que tuve que explicar la sentencia como pude, porque no hacía más que preguntarme por el castigo que le iban a poner al que mató a su papá, está muy afectada y dijo: -˜No mamá, yo creo que le tenían que poner cien años-™. Tiene siete años. ¿Qué le explico?»
«Si por mí fuera, emplearía la indemnización en conseguir que te pudrieras en la cárcel, que es lo único que me reconfortaría, para explicar la verdad a mis niñas cuando sean mayores, que su papá estaba haciendo su trabajo cuando un impresentable lo alejó de nosotras, pero que se ha hecho justicia y su asesino está pagando por ello. Pero por ahora, no es así. Y siento una rabia y una impotencia terrible por no poder cumplir la promesa que le hice a mi hija mayor».