Reportaje | l. urdiales

Caballos como perros

Se abre el sistema de identificación y registro de équidos, Sirequi, dirigido a controlar y fiscalizar la propiedad de estos animales y su responsabilidad civil

Caballos agrupados tras una nevada en el norte de León.

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León

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El chip va a sacar al trote caballos allí donde nadie conocía al propietarios. Caballos de serie B, con dueños que sólo lo eran para el rendimiento que aportan. La barra libre en el segmento equino -”que durante años se vendió como alternativa a la crisis del sector cárnico del vacuno, azuzada por la irrupción de las vacas locas-” tiene enfrente una señal de fin de trayecto: Sirequi, un término que gana uso entre todas las divisiones y compartimentos afectados por la normativa. De uso corriente ya. Los es entre los veterinarios, que intervienen de forma inexcusable en el proceso; en la administración con competencias en el control y registro pecuario (la consejería de Agricultura y Ganadería); y entre los propietarios de los équidos, a los que les espera una lista inagotable de sanciones en el caso de que sean descubiertos, se les sorprenda o se puede demostrar su vinculación con los animales sin que forman parte del Sirequi (acrónimo que viene de las siglas de Sistema de Identificación Equina), institucionalizado ya en papel oficial, a efecto de trámite, registro y recaudación de tasas.

El camino a seguir por aquellos que quieran poner en situación legal a sus equinos tiene pinta de maraña burocrática: primer paso, disponer de CEA (código de Explotación Agropecuaria) que señala geográficamente el lugar en el que se ubican los animales. La espera por la emisión de este número requiere de una carga de paciencia formidable; hasta tres departamentos distintos de la misma administración intervienen en el proceso.

El facultativo se hará cargo del proceso una vez que exista código CEA, y avanzará además la verificación de la identificación del animal que convierte en individual e intransferible la colocación de un sistema de lectura, un chip, El conjunto de toda esta inmersión en el mundo de la complicada vida de la burocracia que se estila en las oficinas leonesas del ramo permite a quienes sean propietarios de los animales colocarse dentro de las normas legales; así se cierra la identificación del bicho con un Documento de Identificación Equina, (DIE), otra expresión que sucumbe a los matasellos al punto del DIB, la cartilla de vacunación antirrábica o el Simocyl. Sin el microchip, sin el documento de identidad que diferencia ante la administración un caballo de otro, igual distingue canes o cabras, ninguna aseguradora emite pólizas de seguridad civil que cubra al propietario del animal de los daños en caso de accidente u otra incidencia. El Sirequi es un carné, que tira de la brida, igual que el invento del chip canino tira de los perros.

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