Uso y desuso
Sé que la mayoría de las cosas que tengo, las que hay en mi casa las que tienen mis amigos, se pueden comprar en los kioskos, en las tiendas, en los centros comerciales y en otros lugares. Cuando queremos algo, lo compramos y lo usamos. Cuando ya no lo necesitamos lo tiramos a la basura. En casa tenemos un depósito para cada cosa, como lo he aprendido en clase: uno para los restos orgánicos, otro para los envases de plástico y metal, otro para el vidrio y uno más para las pilas.
Hace poco mi padre se llevó el televisor viejo para tirarlo en el centro de recogida de residuos que está detrás de Carrefour. Todo lo que compramos tiene instrucciones o etiquetas que dicen cómo tratarlo. Mi PSP, el portátil, la tele, todo viene con manuales de uso, a veces un libro bastante gordo. Incluso la ropa viene con etiquetas que dicen cómo lavarlo, de qué está hecho. Los alimentos también vienen con la fecha de caducidad, qué componentes tienen y si hay que guardarlo en frigorífico o en el congelador. Con los medicamentos ocurre lo mismo.
En muchos casos he visto que en las instrucciones aparecen advertencias de que algo puede hacer daño a quién lo usa. Como ocurre en los medicamentos, que puede que no sean buenos para algún tipo de personas, todo lo que tiene que ver con la electricidad porque te puede dar un calambre e incluso con el uso del ordenador, que si no tienes una buena postura, te puedes hacer daño. Todo está etiquetado y bien etiquetado, incluso te dicen dónde se ha fabricado. Pero salvo en algunos casos como las pilas, no te dicen el daño que puedes hacer al medio ambiente: a los árboles, los animales, el agua o el aire. En muchos anuncios en la tele hablan de que su producto es bueno con el medio ambiente. Todo el mundo está de acuerdo.
Creo que igual que te informan con todo detalle del uso, todos los productos deberían tener información sobre el «desuso», qué hacer con lo que compramos cuando ya no sirve o no lo queremos. He oído hablar a los mayores del consumo responsable, que es comprar lo que necesitamos solamente, como si eso fuera un esfuerzo muy grande. Probablemente sería más fácil si antes de comprar algo supiéramos que también compramos el deber de saber dónde tirarlo. Si somos conscientes de que estamos obligados a llevar a reciclar cada cosa que compramos seguro que nos pensaríamos mejor si realmente lo necesitamos. Cualquier cosa que se pueda comprar tendría que llevar una etiqueta de desuso, porque de nada sirve que la información de las etiquetas protejan a las personas si no protegen al medio ambiente, porque formamos parte de él y porque sin un medio ambiente saludable no podríamos vivir.
Antonio Cosmen Diez.
4° Primaria. Colegio: Nuestra Señora del Carmen