La familia del crimen de Navatejera se aferra a una huella, cinco años después
Hoy se cumple un lustro del asesinato sin esclarecer de Rocío Fernández; sus padres denuncian la desaparición de pruebas y exigen la intervención del TSJCyL
Los padres de Rocío Fernández, la joven asesinada en mayo del 2005 y cuyo cadáver apareció un mes después en un vertedero de Navatejera, exigen que se identifique a la persona relacionada con una huella que ha aparecido tras una segunda inspección ocular en las bolsas de plástico que cubrían el cadáver. El hallazgo no ha aportado luz al caso de momento, por haber sido imposible identificar la procedencia de la señal dactilar. Otras tres huellas más correspondían a agentes de la Guardia Civil que realizaron la primera investigación.
Los padres de la víctima solicitaron hace ya un año que se archivase el caso en el juzgado de Instrucción que lo tramita, para poder trasladarlo a la Audiencia Provincial y empezar de nuevo, pero entienden que la actuación judicial está siendo errónea: «Solamente tienen que dar permiso para que se hagan las pruebas de ADN en un pelo de caballo y en un pelo humano que se encontraron junto al cadáver y al día siguiente tendrá resuelto el caso», afirman los padres de la muchacha, que están convencidos de que uno de los dos imputados es el autor material de los hechos: «Me he ofrecido a poner en un sobre el nombre del asesino de mi hija, para que si lo resuelven algún día, se den cuenta de que nosotros los sabíamos desde el principio», protesta la madre de Rocío. «Es hora de que actúe el Tribunal Superior de Justicia», asegura el padre.
«Si por llevarme a mí a la cárcel se solucionara esto y pudieran meter preso al que lo ha hecho, mañana mismo estaba yo entre rejas. Llevamos cinco años pidiendo justicia y solamente encontramos trabas por todas partes. Parece que hay interés en alargarlo y en defender a los asesinos en lugar de a nosotros, que somos las verdaderas víctimas de este caso».
El mes pasado, el juzgado autorizó y después desestimó la realización de las pruebas del ADN: «Hay una cosa que nos pueden negar. Cinco años después, estamos como el primer día y mientras que un asesino anda suelto por la calle, nosotros no podemos descansar porque no se ha hecho justicia con nuestra hija».
«La furgoneta con la que vinieron a recoger a mi hija, ha desaparecido, ya no existe. El caballo al que pertenecían los pelos que se encontraron junto al cadáver, ya no está tampoco en la explotación de León donde se encontraba y también ha desaparecido como por arte de magia. Las principales pruebas están desapareciendo por la manera en la que están actuando en este juzgado», insiste la familia de Trobajo.