Los tratamientos químicos obtienen peores resultados
Los humedales experimentales mostraron un buen comportamiento para eliminar «con relativa facilidad» algunos de los compuestos analizados, fundamentalmente fármacos y productos de higiene personal. Los productos más asimilables por estos sistemas fueron el ácido salicílico y el ibuprofeno, dos de los fármacos más comunes; la cafeína; el naproxeno (otro fármaco) y el dihidrojasmonato, una fragancia presente en colonias, champús o detergentes.
Mostraron un grado de eliminación más bajo con el diclofenaco y el ketoporfeno, dos analgésicos, y con las fragancias galaxomida y tonalida. Un último compuesto, la carbamazepina, un antihepiléptico, presentó los peores resultados «y desconocemos los motivos», apostilla Hijosa. En todo caso, los humedales se mostraron más eficaces que los tratamientos de agua convencionales, de carácter químico, en substancias como el diclofenaco, la galaxomida y la tonalida, lo que los convierte en sistemas «idóneos» para poblaciones pequeñas. «Aunque presentan estas ventajas, los humedales también tienen inconvenientes: no pueden asimilar grandes cantidades de agua, como los de una ciudad del tamaño de León».
Los expertos observaron que cada tipo de humedal construido presentaba unos rendimientos mejores en un tipo diferente de residuo, por lo que optan por sistemas mixtos que incorporen diferentes perfiles. En la actualidad, dos humedales de la provincia de León, los de Bustillo de Cea y Cubillas de los Oteros), responden a esta filosofía. Además de esta conclusión, los autores del estudio indican que «la eficacia del humedal construido depende de la temperatura y el potencia redox».