Nueva terminal | Los primeros pasajeros

«La terminal es muy bonita, pero ¿dónde estánlos vuelos?»

Los usuarios demandan una oferta más amplia para aprovechar las instalaciones

Llegada de los pasajeros del vuelo que salió de Barcelona

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s. c. anuncibay | león
León

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Son las dos de la tarde. El aparcamiento del aeropuerto asume más coches de lo normal, aunque sobran muchas plazas para completar su aforo, de casi 300 vehículos. El acceso a la base civil de La Virgen del Camino devuelve a decenas de curiosos que regresan de visitar las recién inauguradas instalaciones.

Es el primer día. No se ven muchas maletas y las que hay irán todas en el mismo avión. Falta una hora para el vuelo a Barcelona de las tres de la tarde. El primero salió a las 7.40 de la mañana, pero éste iba a Madrid. El mostrador de facturación número seis es el único abierto. No hay colas para coger la tarjeta de embarque y las pantallas informativas donde aparecen los vuelos ceden al azul que las domina. Sólo hay un nombre impreso: «Barcelona». A las dos y media de la tarde llega también otro avión de la Ciudad Condal. Ésa es toda la actividad que tendrá el aeropuerto hasta las 22.50 horas, momento en el que otra aeronave procedente de Barcelona aterrizará en La Virgen.

Medio centenar de personas está dispersa por la terminal. Algunos leen, otros se hacen fotos. La cafetería está prácticamente llena, pero hay muchos espacios vacíos. Son elocuentes.

Pese a que es hora punta, no hay carreras, tampoco aparecen las colas y los que esperan por su vuelo coinciden en señalar la descompensación que existe entre el número de operaciones y las dimensiones de la nueva infraestructura, aunque reconocen el flujo de oportunidades que emana de ella.

Victoria Fernández Martínez es una de las pasajeras del vuelo que sale a las tres de la tarde. Ojea un libro mientras descansa en uno de los bancos del aeropuerto. Hay sitio de sobra para sentarse. «Es una terminal fantástica, diferente a la anterior», valora Victoria, que trabaja en Barcelona, aunque es de Posadilla de la Vega. Cree que «poco a poco irá mejorando la oferta de vuelos» y confía en la llegada de destinos internacionales para poner en valor una inversión de casi 80 millones de euros. «Hemos pasado de tener muy poca cosa a ésto», explica mientras pasea su vista por el interior de la nueva terminal, dominada por inmensos ventanales.

No todo son buenas palabras. Los minutos muertos agudizan la analítica. Agustín de Andrés es de Zamora, aunque también trabaja en Barcelona. Usa el aeropuerto «regularmente». Lo ha visto algo sucio. Es la resaca de la inauguración. «No es normal que los mostradores de facturación estén llenos de polvo, con huellas, pero me imagino que eso es algo que arreglarán». Es lo primero que dice. Poco después reconoce que la nueva terminal del aeropuerto es «muy agradable, funcional y utilitaria», pese a estar «muy mal comunicada». «A ver si ahora se dan cuenta de que el servicio de autobús es inexistente, porque si vamos a tener un millón de viajeros necesitaremos un enlace directo con León», atina Agustín de Andrés, quien ve en la ampliación del aeropuerto una oportunidad para bajar las tarifas de los billetes.

«A ver si ahora podemos acabar con el monopolio de Iberia, que pone unos precios altísimos», lamenta. Asegura que el viaje le ha llegado a costar, incluso, 600 euros.

Luis Fernández es más diplomático. Viaja poco, según comenta. Y ha venido a León a visitar a un amigo. «Echo en falta alguna tienda de revistas o de ocio», contesta. Asegura que no conoció la otra terminal, porque -"justifica-" «el sábado, cuando llegamos, llovía muchísimo y tuve que salir corriendo». Coincide con Agustín de Andrés en que los billetes son muy caros. El suyo, 285 euros.

Ha pasado media hora. La terminal tiene algo más de gente. Los que acaban de entrar avanzan hasta la puerta de llegadas, que canaliza el pasaje del vuelo de las 15.00 horas. El primero en salir es David Martín. También es el primero que llega al nuevo aeropuerto. El vuelo anterior despegó desde León. «¿De verdad soy el primero?, responde sorprendido. Vuela «normalmente» a la Ciudad Condal y la primera impresión que tiene es que «esto ya se parece a una terminal de aeropuerto». Observa las instalaciones y reconoce que la anterior «era muy pequeña» y agradece el cambio, «bastante grande, por cierto».

Detrás de él viene Yaiza Ochoa, de Ponferrada. Otra usuaria habitual del enlace con Barcelona, lo coge cada dos semanas. «Me gusta mucho, porque es más moderna y más cómoda», evalúa Yaiza, que espera la llegada de nuevas compañías «con más vuelos y precios más baratos». Su avión iba prácticamente lleno.

A pocos metros espera Eva Agren, noruega que viaja desde León a Barcelona. Es la segunda vez que está en la capital, aunque dice no conocerla bien. «La veo estupenda, aunque me parece un poco grande para el poco tráfico de aviones que tiene», considera.

Dibuja una pequeña sonrisa en su cara mientras contesta. Mira a la pantalla, ve que sólo hay un destino y, entonces, dice: «Pero dónde están los vuelos».

De futuro. Todos reparan en lo mismo. La terminal es moderna, funcional, cómoda... Tiene potencial suficiente para recibir aerolíneas de bajo coste, las mismas que operan en Villanubla, por ejemplo. Puede mover un millón de personas al año, 580 cada hora, y tendrá unas tasas aeroportuarias más bajas que las de los aeródromos de su categoría.

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Todo está preparado para un futuro que debe llegar más pronto que tarde, como reclama Longino Díez, propietario de la cafetería restaurante de la terminal. «Necesitamos más vuelos para que venga más gente, eso será mejor para todos», reconoce. Cuenta que «hoy ha habido más personas de lo normal, pero es por la novedad», asume.