Las farolas de la carretera de Carbajal, han sido desvalijadas por los ladrones.

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A. Caballero | León
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La delincuencia es un precipicio con escalas. Peldaños entre los que se escoge. Pasos a los que se abandona la persona en la caída. La crisis ha acabado con las tipologías y los perfiles en los que se daban trazos al delincuente. Pero queda la elección. «¿Qué prefiere señoría, que pinche a la gente por la calle?». La alternativa sale del interrogatorio a uno de los detenidos por robo de cable de cobre, proveniente del alumbrado público, sorprendidos en los últimos 6 meses en la capital leonesa. Van más de 34 kilómetros de material sustraído. Casi el doble que años anteriores. Crecen. Se multiplican. Mientras el precio de las entrañas del cable, los filamentos que hay pelar para ofrecerlo ovillado, se pagan en el mercado negro a entre 5 y 6 euros el kilogramo, cuando antes de la crisis rondaban los 2 euros.

El recurso fácil, al alcance de la mano en cualquier calle de la ciudad, hace que incluso se haya perdido la especialización de las bandas organizadas. Ya no se reducen a actuaciones en zonas periféricas en las que la noche da manto y la falta de vecindario cercano reduce el riesgo de encontronazo con la placa policial. Ahora, a plena luz del día, con un chaleco reflectante como coartada para enmascarar como ordinario el trabajo delictivo, se han registrado robos de cable eléctrico. Uno de los últimos, en la mediana del paseo de Condesa Sagasta, en el centro de la ciudad, donde varios artistas desvalijaron 400 metros de la instalación sin empacho, ni interrupción, mientras alrededor pasaban los coches y los ciudadanos. Sólo les faltó el cartel de «Estamos trabajando, perdonen las molestias».

El ingenio ni siquiera se busca en otros casos. En pasadas fechas una mujer fue sorprendida durante el día mientras cortaba el cable de una de las farolas de la carretera de Carbajal de la Legua con un serrucho. La policía interrumpió el entretenimiento. No quedaba mucho por eliminar en una vía que, minada por los buscavidas del cobre, da imagen de carretera local de tercera categoría, enmarcada por las urbanizaciones de chalés en los que incluso ha reservado suelo el presidente del Gobierno para asentarse cuando le venza el contrato de La Moncloa.

Las zonas del municipio de León en similar estado de penumbra abundan, pese a los esfuerzos de los servicios eléctricos municipales para reponer lo que desaparece. Las carreteras de Zamora y Vilecha, la calle Cementerio de Trobajo del Cerecedo, la avenida de Portugal en su tramo de subida hacia Oteruelo, la ribera del Torío en Puente Castro, la avenida de Peregrinos, el parque de La Era de Armunia, el campus universitario, la avenida Gutiérrez Mellado...

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Cualquier espacio es bueno, ninguna hora es mala, para que a los delincuentes se les encienda la bombilla a costa de apagar la luz. Eligen una zona, buscan una farola, desportillan la arqueta, cortan, van a la siguiente, vuelven a cortar y tiran del cable. Si les pillan siempre pueden acreditar casta. Un peldaño alto del precipicio.