VIDAS DESPUÉS DEL CÁNCER II
«La cabeza manda: si quieres, sales»
Álvaro Otero Martínez l 36 años l Industrial l Dos veces superviviente a un tumor germinal en los testículos y en las vértebras l Filosofía: «Tienes cáncer, ¿pues cuál es el tratamiento?» l Consejo: «No abandonar ja

Álvaro, que lleva con su mujer desde los 16 años, posa con los dos hijos que han tenido tras superar
Álvaro ha pasado por un auténtico calvario médico. Tenía solo 22 años cuando el cáncer le frenó la vida. A esa edad fue diagnosticado de un tumor germinal no seminomatoso en los testítulos. «Un cáncer de huevos», aclara ahora entre risas. Admite que vivir un diagnóstico de este tipo siendo tan joven tiene sus ventajas. Por ejemplo, la inconsciencia con la que se aborda. «Si me pasara ahora sería otra cosa porque piensas más en los tuyos que en ti mismo». Pese a esa energía desbordante, su vida tuvo que convertirse en tormento durante unos años.
Acudió al médico de cabecera cuando ya no podía más del dolor. Le diagnosticó un golpe en los testículos que nunca había recibido y la recetó antiinflamatorios durante un mes. Pero las pruebas que le habían hecho hicieron saltar de inmediato la alarma. Cuando le dijeron aquello de «tienes cáncer» respondió: «Vale, ¿cuál es el tratameinto?». En una semama fue intervenido. El análisis del tumor confirmó que era maligno y recibió tres ciclos de quimioterapia Bom Epi. Suena a tratamiento a agresivo. «Lo es y mucho. Cada ciclo eran tres semanas y cada semana tenía su aquel: la primera iba al Hospital, me daban el tratamiento y me iba; la segunda iba a sesiones de cinco horas y la tercera me quedaba ingresado con quimioterapia durante las 24 horas». Fue matador. Para él y para su novia de entonces, que es su actual mujer. Llevan juntos desde los 16 años, un ejercicio de verdadera lealtad. Sobre todo porque las cosas se pusieron feas a partir de aquel momento. Brindaron por la recuperación de Álvaro en Tenerife y, al vover de esas vacaciones, el joven retomó las relaciones con su familia y se fue incorporando poco a poco a la empresa de su padre, Aislamientos Otero, que hoy regenta.
Tras recibir el alta, empezaron las revisiones. Primero las trimestrales y después las semestrales. Casi al llegar a la última cita, los marcadores tumorales volvieron a saltar. Pero los médicos no localizaban la enfermedad. Se puso en manos de la Clínica Universitaria de Navarra y allí le detectaron un tumor en la columna vertebral, entre la tercera y cuarta vértebra. El oncólogo de Álvaro consiguió incluirle en un programa experimental que por entonces solo se desarrollaba en el Hospital 12 de Octubre, en Madrid. «Y realmente era un experimento, porque de los cuatro pacientes que lo probamos solo sobreviví yo. Así que hay que dar gracias porque me salvó». Era el año 1999. El tratamiento consistía en terapias de altas dosis de quimioterapia. «Los médicos me advirtieron: vamos a hacértelo pasar fatal. Y lo pasé realmente mal». Llegado a este punto, decidió abandonar. «Pero ella se impuso», agradece. «Ella» es su esposa, Cristina. No le dejó ni un momento. La Asociación de la Lucha Contra el Cáncer les consiguió un piso cerca del centro hospitalario y allí pasaron meses, acompañados también por la madre de Álvaro. Fueron días duros en exceso: «Necesité dos autotransplantes de médula y la quimio era absolutamente agresiva». De hecho, como consecuencia de estos tratamientos hoy tiene secuelas que le obligarán a pasar otra vez por el quirófano, caso de la intervención que requiere para controlar la Hernia de Hiato. «Me ha dicho el médico que la tengo como un señor de 70 años».
Pero hoy todo tiene otro color. El cáncer no ha impedido a esta pareja tener dos hijos: uno de dos años y otro de seis. «Eso es algo que los demás enfermos tienen que tener claro, que todo es posible si se lo plantean. La cabeza manda: si tú quieres, sales de esto». «Con este tipo de situaciones -"añade-" te das cuenta de lo que es la vida y de que hay cosas muchísimo peores».
Álvaro lleva hoy una vida totalmente normal. O mejor que normal: se da grandes paseos en su moto de gran cilindrada, juega al squash , en cuanto puede coge la bicicleta y, también en cuanto tiene opción, practica tiro al plato. Dice que los médicos le resucitaron. Ahora vive por dos.