VIDAS DESPUÉS DEL CÁNCER III
«Me aparté de la gente negativa»
María Antonia Delgado l 62 años l Ama de casa l Superviviente de cáncer de estómago l Filosofía: «Crecer ante la adversidad» l Consejo: «Vencer, siempre; abandonar, jamás»

Toñi, en el centro de la imagen, no falta a la cita con sus amigas para jugar una partida de cartas
«Pasé cuatro años como Dios me dio a entender». Es el tiempo que duró la curación de María Antonia Delgado, un proceso que, reconoce, fue duro. Hoy tiene 62 años y derrocha energía positiva. «No me gusta la gente negativa; me aparté de ella», comenta durante una larga entrevista. Al final del encuentro, uno imagina cómo deben sentirse esos pacientes a los que Toñi, como se la conoce entre el voluntariado, visita en el Hospital con un mensaje de esperanza. Porque todo en ella es fuerza y perspectiva. Esa sensación que deja es de sosiego.
Han pasado ya 18 años desde que los médicos le diagnosticaron un cáncer de estómago. Tenía 44 años. «No voy a decir que esto es fácil, porque realmente nadie te enseña a vivir con ello, pero se vive y se sobrevive». En cuanto Toñi conoció la noticia, la primera reacción fue la de proteger a su familia. Les fue dosificando la información. «Cuando me hacían las pruebas, le decía a mi marido que iba a acompañar a alguna amiga al médico; pero llegó un momento que no quedaban más amigas para acompañar...». Arrastraba desde los 20 años una úlcera de duodeno, que derivó en un tumor. «Nunca pensé que he tenido mala suerte ni me he planteado por qué me ocurría a mí, simplemente lo asumí». En el fondo siempre ha tenido en cuenta la pista genética, puesto que su madre y otras mujeres de la familia desarrollaron en su momento la enfermedad. No niega que «es un fastidio», que no tiene «la calidad de vida» de una persona que no ha pasado por lo mismo y que el profundo impacto de la noticia le provocó angustia y ansiedad durante un buen tiempo. Pero el cáncer no le paró la vida.
Llevarlo en silencio. Fue operada un 6 de agosto. Solo lo sabía su marido. Después de la intervención se quedó muy delicada. Su peso bajó a 47 kilos y se quedó sin apenas masa muscular, secuelas muy comunes entre este tipo de pacientes. «Pero soy muy positiva por naturelaza y, ante la adversidad, yo me crezco», dice en un tono que hace inimaginable pensar que no dice la verdad. Con esa actitud dejó el cáncer atrás y empezó la rehabilitación, que tampoco fue fácil. «Por eso ahora entiendo a los enfermos perfectamente, porque sé cómo están». Toñi hizo un cursillo de voluntaria para cooperar con la Asociación de la Lucha contra el Cáncer y ahora lleva vida a otros que pasan por lo mismo. «Yo les cojo cuando van a quimio y les digo que no les van a hacer nada, que les van a meter un bocadillo de jamón en vena que ya verán. Somos hermanos en la enfermedad y yo soy muy feliz en el Hospital».
En 15 años como voluntaria ha visto de todo. Es ama de casa y dedica gran parte de su tiempo en ayudar a los nuevos diagnosticados. Las comidas y las digestiones son su único impedimento. Necesita reposo después de cada almuerzo y confiesa que es lo único que limita su vida. «Echo de menos salir a cenar fuera, por ejemplo. Es algo que no tengo todavía superado». Comprensible para alguien que requiere media hora de descanso por comida. No por eso acorta sus actividades. Toñi es asidua a las partidas de cartas con amigas en un club social de León y asegura que celebra el 6 de agosto como si fuera un cumpleaños. En el fondo es el aniversario de un paradigma, que, por otro lado, también le ha traído algo positivo que se repite en todos los entrevistados para esta serie: «Tengo unas ganas de vivir increíbles y una manera de afrontar los problemas que no tiene otra gente; estás con los pies en el suelo, pero te vuelves también más pasota».
¿Y la familia? Aunque es un apoyo irreemplazable, en ocasiones se convierten en una verdadera carga para el enfermo: «Las familias tienen que armarse de paciencia porque nos volvemos egoístas y queremos que nos entiendan y que sepamos cómo estamos en cada momento, y eso no puede ser».
«El cáncer sigue siendo una enfermedad maldita», subraya Toñi. «Por eso es necesario hacerle frente con normalidad y agarrarse a lo que sea». Ella lo hizo a su familia y a la Virgen del Camino, cuya imagen lleva representada en una medalla de oro que toca repetidamente durante el encuentro.
Toñi es coqueta; mucho además. No sale a la calle de cualquier manera. Y si le hablan de regalos, que sean pequeñas joyas. «¡Que no sea un jamón, por favor!».