SEMANA SANTA

«Perdí un trabajo indefinido para cumplir la condena»

«Estoy muy agradecida», afirma Manuela, la presa indultada a petición del Perdón

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Ana Gaitero | León
León

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«Si la finalidad de la cárcel es reinsertar a los delincuentes, yo ya estaba reinsertada cuando entré a cumplir la condena. Aproveché bien los tres años desde mi detención hasta la ejecución de la sentencia firme», afirma en su primer día completo de libertad Manuela M. S., la leonesa indultada la semana pasada por el Consejo de Ministros a petición de la cofradía del Santo Cristo del Perdón.

Manuela estaba en prisión por un delito contra la salud pública que databa del 2006: «Me pillaron 200 gramos de chocolate en casa y me condenaron a tres años. Con la reforma actual de la ley no hubiera entrado en la cárcel porque no tenía antecedentes», asegura. Cuando la detuvieron permaneció tres meses en prisión preventiva. La sentencia sería firme y se ejecutaría en el 2009.

«En ese tiempo hice cursos de todo tipo y conseguí un trabajo indefinido que perdí para cumplir la condena», agrega. Como el pasado no se puede cambiar, ahora mira hacia adelante: «Estoy muy agradecida por el indulto, de verdad, sobre todo por mi madre, que ha sufrido e hizo todo lo posible por mí, y, desde luego por mis hijas».

No oculta que también por ella. De no haber sido por la medida de gracia, apunta, «en septiembre posiblemente tendría la condicional, pero a mi edad cada día que pasa es importante». Y añade: «Tengo 51 años y para empezar de nuevo no es lo mismo que tener 20 años».

La candidatura al indulto le llegó un día difícil. Llegaba tarde al CIS después de una dura mañana en el hospital y se imaginaba más cerca de un parte que de estar a las puertas de la libertad. Mientras estuvo en la cárcel pidió sin éxito dos indultos: «Escribí a la Reina y me contestó que pasaba mi petición al Ministerio de Justicia. Me lo denegaron». El acuerdo del Consejo de Ministros, el viernes 8 de abril, también le pilló desprevenida. «Estaba de permiso y nadie me lo dijo. El sábado por la noche mi hija salió y me llamó por teléfono porque lo había visto en el periódico». No tenía duda alguna: ¡Mamá, eres tú!», le gritó entusiasmada. El domingo, cuando regresó a dormir, se lo confirmaron en el Centro de Inserción Social (CIS) Jesús Haddad.

«No me falles». Este centro dependiente de la prisión de Villahierro fue su hogar los últimos tres meses. «Bajé al CIS gracias al juez de vigilancia penitenciaria y en contra de la opinión del fiscal. Me ayudó mucho. Me dijo: te voy a dar una oportunidad. No me falles». Esta decisión, que agradece «inmensamente», a Manuela le cambió la vida. «Eché el curriculum en varios sitios y me salió un trabajo en La Bañeza en una empresa de reciclaje. Ahora estoy de baja por una lesión», explica. Se desplazaba a diario con su propio coche.

Los quince meses anteriores los pasó en un régimen mucho más severo. El de la prisión de Mansilla de las Mulas, en el módulo 10, donde la vida para las mujeres se ha hecho «más dura» desde que se creó el módulo de respeto mixto. «No quise ir al mixto porque no quería estar con hombres. En cuanto vi un puesto libre en la biblioteca lo solicité y aunque no cobraba, fue una experiencia positiva», explica.

Manuela se confiesa creyente aunque no es «de ir a misas». Conoce las procesiones, sobre todo, «la del Viernes y la de Jesús Divino Obrero, porque mi padre adornaba los pasos con flores». Nunca ha visto el acto del Perdón ante el Locus Apellationis de la Catedral. «Me han dicho que es muy emocionante», señala. Lo único que ha pedido a la cofradía es que «me den algo para taparme».

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«Quiero rehacer mi vida y León es una ciudad pequeña», señala. Manuela nunca se declaró inocente: «No me exculpo de mi delito, pero tenía un marido que se estaba muriendo y para que no bebiera tenía chocolate en casa. Tenía cirrosis y había oido que en Valencia había un centro...». Murió al mes y medio de estar ella en prisión preventiva. «Se mantenía porque yo le cuidaba». Disfruta de sus primeros días de libertad «en mi casa» sin hacer nada especial. «Ahora iré a comer con mi madre», comenta antes de despedirse.