INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA | UN LABORATORIO DE PRIMER NIVEL
La Universidad vigila desde hace once años la radioactividad del entorno de Garoña
El Laboratorio de Radioactividad de la ULE detectó minúsculas partículas radioactivas de Fukushima
La investigadora Toyi del Canto muestra el cartucho que recoge las partículas que están en el aire.
Analizan muestras periódicas de aire, suelo, agua y alimentos para comprobar si existe radiactividad y que luego envían al Centro de Seguridad Nuclear, dónde se establecen las pautas a seguir. Llevan haciéndolo más de una década y fue el pasado mes de marzo cuando los resultados dieron positivo ya que encontraron restos procedentes de la central nuclear de Fukushima (Japón). El Laboratorio de Radioactividad de la Universidad de León también es el que realiza los controles pertinentes en el entorno de la central nuclear de Garoña.
Los científicos Benito de Celis, José María Lumbreras y Toyi del Canto trabajan en el Laboratorio de Radioactividad Ambiental, ubicado en la Escuela de Ingenierías Industrial e Informática del Campus. Realizando un control periódico descubrieron cómo en el aire de León se encontraban restos de radiactividad procedentes de la central de Fukushima.
Yodo 131 que viajó miles de kilómetros por el aire, al otro lado del planeta. Este centro investigador, de los que sólo hay otro similar en Castilla y León que está en Salamanca y también vinculado a su universidad, lleva más de quince años midiendo la radioactividad en León a través del aire, agua, suelo y alimentos. Además, desde el año 2000 se encargan de realizar estos mismo controles en el entorno de la Central Nuclear de Garoña.
Gran sensibilidad. El profesor de Tecnología Nuclear, Benito de Celis explica que es la primera vez que los sistemas de alta tecnología y gran sensibilidad instalados en este laboratorio detectan residuos radiactivos en León. Al mismo tiempo añade que los niveles hallados a finales de marzo, y que no se han vuelto a repetir no son alarmantes, y han ido descendiendo con el paso de los días, si bien dan muestra de la magnitud de la catástrofe ocurrida en el país nipón. De Celis dirige el equipo de investigación sobre el control de la radioactividad que da cuenta de toda su actividad al Consejo de Seguridad Nuclear.
Este servicio de vigilancia radiológica realiza un importante trabajo en pro de la tranquilidad de los leoneses y también de aquellas personas que viven en el entorno del complejo nuclear de Garoña.
«Las cantidades detectadas en el aire de yodo 131 no son peligrosas para la salud», explica Benito de Celis que destaca el nivel de seguridad existente en España ya que cuentan con «equipos de muy alta sensibilidad y precisión», de modo que detectan cualquier residuo radiactivo en el aire por pequeño que sea y que están basados en la absorción de aire en metros cúbicos a través de unas bombas aspiradoras.
Es a través de los residuos recogidos en una de estas bombas de aspiración instaladas en el tejado de la Escuela de Industriales dónde comienza todo el trabajo para los investigadores de la Universidad leonesa.
Una bomba que está conectada las 24 horas del día, aspira el aire, y deposita todas las partículas en un cartucho y en un filtro de fibra de vídrio que serán fundamentales, en su posterior análisis, para determinar si existe radiación gama, beta o alfa.
Cada siete días, los científicos proceden al análisis tanto del cartucho como del filtro procedente de la bomba. El primero de ellos se introduce en un detector de rayos gamma blindado con plomo para evitar que entre la radiación del exterior y alimentado con hidrógeno líquido para mantenerlo frío. En este aparato el cartucho permanecerá 24 horas y, después de este tiempo, el ordenador conectado al mismo indicará si hay o no residuos radiactivos en el aire.
Informes al CSN. Cada «espectrogama» con los resultados que aparece en el ordenador se envía al Consejo de Seguridad Nuclear, que realiza el control de la radiactividad a nivel nacional. En el caso del filtro se introduce en otro aparato que indicará si existen rayos alfa o beta.
Precisamente en una de estas mediciones rutinarias los científicos encontraron residuos de radioactividad. De Celis destaca que no hay motivos para la preocupación porque la cantidad encontrada es mucho más pequeña que la que hay en un gramo de sal.