Hasta la cotorra es bendita
Los perros fueron mayoría, pero a la bendición en la. capital no faltaron gatos y conejos pese al frío .

Los galgos Pepe y Kyra esperan pacientes.
Blas estaba desconcertado. En su jaula apenas emitía sonidos, esos con los que se entiende a la perfección con su dueña Sofía, que tras doce años de convivencia con esta cotorra verde, no les hacen falta palabras para dialogar. «Emite sonidos perfectamente comprensibles», asegura. Fue un regalo de cumpleaños y se ha convertido en un compeñero inseparable.
Blas fue uno de los más de cien animales que ayer acudieron, un año más, para recibir la bendición del párroco de San Marcelo por San Antón, una tradición que no frenó ni el frío ni la niebla con el que ayer ameneció León, aunque menos numerosa que otros años.
La Protectora de Animales de León preparó el reparto de unos 300 panecillos, «los que sobren los llevaremos a la protectora», asegura la presidenta, Laura Ordás. En sus dependencias hay 220 perros y 30 gatos abandonados, más o menos los mismos que el año pasado, pero con un dato positivo, «este año se han adoptado 180 perros y una veintena de gatos», una política que promocionan para evitar abandonos, que aumentan con la crisis.
La generosidad condujo a Bibiana a la protectora para convertirse en la propietaria de Romeo, un perro de la raza Shit-zu, ciego tras las palizas de sus anteriores dueños. «Lo dejaron abandonado en la puerta de la protectora», dice su actual dueña desde septiembre —ya ha pasado por cinco dueños— «Al principio se daba muchos golpes en la casa, pero ahora ya ha aprendido las distancias y se maneja muy bien».
Pepe y Kyra son dos perros galgos maltratados y abandonados. Sus dueños, Susana y Marcos y Olga y Bruno los adoptaron en las asociaciones Galgolecu, del País Vasco y Galgos sin Fronteras. Ahora viven felices tumbados 18 horas en el sofá. «Si tienes un Galgo pierdes un sofá», dicen sus dueños. Sólo se oyen ladridos, pero los animales resisten pacíficamente.
Empieza la acto tras la misa. El párraco de San Marcelo empieza la bendición: «Que Dios bendiga a estos seres necesarios para nuestra subsistencia», dice el párroco. Tras la bendición, los propietarios recogen los panecillos.
Es un acto entrañable que se repite todos los años en San Marcelo. Todos esperan pacientemente en la cola para recibir la bendición.