Querido papá
Vanesa Vázquez Muñoz-Calero
En estos últimos meses todo el mundo habla de ti… «el gran empresario», «El emprendedor», «Un gran leonés», «Un hombre de raza»… y qué razón tienen. Yo quiero hablar del luchador, del hombre al que hace siete años le dijeron que tenía que hacer frente al peor enemigo posible. El asesino más sigiloso ya había dado muchas puñaladas cuando le pudiste hacer frente y aún así luchaste. Para mí has vencido porque a pesar de no estar aquí sigues presente en mi corazón, en mi vida y la de tus nietos. Aún sin estar aquí todos siguen hablando de ti.
Quiero acordarme de tu entereza y de las bromas que hacías en aquella pequeña cama del Greogorio Marañón horas antes de que te operasen por primera vez de la cabeza a vida o muerte o después cuando tocaba el pulmón o de tu sonrisa en las sesiones de quimio o radio… «Mañana tenemos que desayunar churros, eh Banana!!»… «Yo te llevo al altar»… Tus miradas, los ojos que más que mirar parecían estar grabando recuerdos para llevarte en tu último viaje.
En estos casos cuando hombres como tú mueren, se acostumbra a decir que se trataba de un hombre irrepetible, es como un tópico. Yo puedo asegurar que en este caso es así. Los tiempos cambian y la gente también. Este tipo de hombres son los que nos deberían servir de ejemplo y su legado debería pervivir generación tras generación.
El jueves no pude estar, ya sabes por qué.…, pero nuestros aplausos seguro que los tendrás en tu corazón guardados en un rincón muy especial. Todos los premios que te den como empresario son pocos para lo que te merecías como padre.
Te quiero mucho y te sigo echando muchísimo de menos.
Tu preferida