El «desastre» de las escalerillas y el «muro de la vergüenza» de Bilbao
Las escaleras de Ramón y Cajal se abrieron el martes.
Los vecinos insisten en su «total desacuerdo, por no decir aversión, con la mayor parte de las obras ejecutadas con escaso rigor constructivo y nula sensibilidad no sólo hacia los habitantes de la zona, sino también hacia los peatones». «La solución elegida para sustituir las antiguas y entrañables escalerillas de los Maristas, que comunicaban peatonalmente y también visualmente el tramo final de Ramón y Cajal, es un desastre de escaleras en paralelo, sin continuidad espacial aparente ni relación visual clara con la calle superior, que ha convertido el espacio en un fondo de saco, listo para servir como miccionadero», explican los representantes del colectivo vecinal, que asegura que la infraestructura, recién abierta estos días, «se podría modificar».
No se quedan aquí las quejas de los vecinos, que abundan en que en la calle Bilbao presenta un aspecto mejorado en su primer tramo, pero a partir del número 10 se convierte por arte de magia en una acera cutre de apenas 40 ó 50 centímetros de anchura delimitada por una tapia tercermundista». «La eliminación de la tapia de la vergüenza, la prolongación de Bilbao hasta su entronque con Padre Isla, el trazado y la apertura de los nuevos viales y el tratamiento de la zona verde u otros espacios públicos proyectados se resolverían simple y llanamente con la materialización de la totalidad de la urbanización del sector que nosotros pedimos y que el PP debería exigir a Feve en cumplimiento del convenio», insisten, los vecinos, que iniciarán una recogida de firmas con la participación de bares y establecimientos de la zona.