Los vecinos de La Sal y Paraíso Cantinas exigen más seguridad

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León

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Al otro lado del paso a nivel del Crucero, donde comienzan los dominios del Ayuntamiento de San Andrés del Rabanedo, el abandono de las instalaciones ferroviarias es similar al que existe en León, aunque con la diferencia de que en esta franja todavía se conservan usos ferroviarios para dar servicio a los talleres de material motor. Un espacio en el que los trenes hacen pequeñas maniobras todavía, a pesar de lo cual la seguridad se ha visto mermada por la aparición de huecos en la valla de protección en el entorno de la calle Velasquita. Agujeros por los cuales se cuela la gente para cruzar y que ya han provocado las críticas de los vecinos de Paraíso Cantinas, La Sal y La Vega, que temen que además se termine por generar un foco de marginalidad en la zona de las vías. Una petición que, lejos de resolver los problemas, tan sólo ha servido para abrir un debate sobre si la responsabilidad es de Adif o de Renfe Operadora, a pesar de que ambas dependen de manera directa del Gobierno.

A la alerta se suma la Asociación Leonesa de Amigos del Ferrocarril (Alaf), que recuerda que Adif ya podría desmontar la doble vía que había para las circulaciones hacia Asturias, en el tramo entre el paso a nivel del Crucero y la pasarela del Lidl, aunque se mantuviera el resto para las maniobras de entrada a los talleres.

Unos talleres que se encuentran en un estado deficiente, con humedades en las cubiertas, y que centran la principal preocupación de Alaf, que defiende la necesidad de potenciar la actividad en estas instalaciones para que León no salga perjudicado por la reorganización de las cargas de trabajo.

Para apuntalar esta potenciación de los talleres, Alaf se suma a la petición que esta semana planteó en la comisión de trabajo con Fomento, la Junta y el León la concejala de Urbanismo de San Andrés, Elena Prieto, para que se unifiquen allí no sólo la división de material motor, sino también remolcado, que hasta ahora ocupa espacio en el entorno del centro de Regulación y Control (CRC), detrás de la estación de autobuses. Un traslado sencillo de la maquinaria que no sólo serviría para liberar los terrenos actuales en los que está remolcado, sino que además reforzaría la labor en las naves de la zona de La Sal y daría estabilidad a la plantilla, en la que hay más de un centenar de personas.

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