MAÑANA

«No tenían carné de conducir, usaban los burros»

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León

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En La Majúa, población de 68 habitantes cercana a San Emiliano, los burros han sido un elemento clave de su vida y de su economía, predominantemente ganadera.

Cada familia tenía uno, recuerda el lider del PSOE leonés, Celestino Rodrigúez. En las fiestas del pueblo, Nuestra Señora del Otero, se celebrarban carreras de asnos.

Desde niño hasta que comenzó la universidad pasaba todos los veranos en casa de sus abuelos maternos, Honorio y Vitalina. Por las mañanas andaba enredando con su hermano pequeño Daniel y sus buenos amigos, Fernando e Iván. Montaban en bicicleta, se bañaban en puerto Pradón, «un embalse improvisado con rocas que regaba un prado muy grande. El agua estaba que jodía, daba dolor de cabeza».

Por las tardes ayudaba a sus abuelos con los animales. Después de la siesta recogía los huevos de las gallinas, iba en busca de ramas tiernas de fresno para dar de comer a los corderos mientras las ovejas pastaban en el monte. Ordeñaba a las vacas. Pero en cuanto tenía un rato libre entrenaba con los burros para la famosa carrera. Sus abuelos siempre tenían dos borrricos. Cuando uno envejecía, bajaban a la feria de San Andrés a comprar otro de la raza asturleonesa.

«La gente no tenía carné de conducir, eran todos ganaderos y usaban a los asnos como medio de transporte para los trayectos importantes».

Recuerda que en Majúa siempre hubo un ambiente solidario, «cuando un vecino enfermaba o fallecía el pueblo entero paraba su actividad».

Celestino rememora la cocina de carbón que su abuela encendía todas las noches para caldear la casa. Comían ensaladas de sus lechugas y embutidos de la carne de los cerdos que ellos mismos criaban y mataban.

«Me gustaba todo menos las judías verdes, que las sigo llevando fatal».

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Un día que colocó él la albarda (montura) al burro, la dejó suelta y calló a un hortigal. «Terminé lleno de ampollas y empapado en vinagre», asegura entre risas. guillermo otero leonalsol@diariodeleon.es