MAÑANA
«volvía a mi pueblo y se pasaban los días volando»
El delantero centro de la Cultural Leonesa, Juan Carlos Ortiz recuerda en especial dos lugares al hablar de sus vacaciones, ambos con un significado muy diferente. Sus primeros recuerdos, a a la edad de seis años, son de los viajes con sus padres a la playa de Torremolinos, en Málaga. Ahí se quedaban siempre en el mismo hotel, el Sol Príncipe. Los recuerdos se hacen más emotivos cuando nace su hermana pequeña y la familia veraneaba con uno más. «Mi hermana y yo tenemos ocho años de diferencia, y yo también era muy pequeño, así que los recuerdos los tengo difusos. Pero recuerdo que lo pasábamos muy bien jugando los dos juntos», cuenta el deportista. De estos veranos se acuerda de una anécdota muy divertida con su padre. «Una vez mi padre me pilló pinchando los manguitos y yo le intenté explicar lo hacía porque, como ya sabía nadar, no los necesitaba», recuerda Juan Carlos. La cosa no acabó ahí. «Él me respondió, entre risas, que como no supiera nadar, me quedaba sin piscina todo el verano».
El segundo recuerdo más importante que guarda el futbolista de aquella etapa es cuando empieza a labrarse su carrera profesional. Los veranos de placer y relax absoluto cambiaron bruscamente para este joven a una edad más que temprana. A los 14 años, cuando comienza su carrera profesional en el fútbol, se muda a Valladolid para jugar en el Real Valladolid.
Entonces cambió toda su rutina porque el ritmo de preparación de las pretemporadas acortaron sus veranos. «Ahora mismo estoy en pretemporada y me cuesta sacar tiempo para esto, o sea que tú imagínate lo que fue en esos años», explica Ortiz. «En esa época, cuando volvía a mi pueblo, La Rambla, en Córdoba, los días se pasaban volando. Llevaba una vida frenética intentando hacerlo todo: visitar a mi familia, a mis amigos, a toda la gente a la que no había visto en todo el años», rememora. «Estaba contento porque hacía lo que me gustaba, pero tenia mis momentos de nostalgia, recordando a mi familia y a mis amigos. Después me acostumbré».
francisca bravo
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