Diario de León

24 horas en...

De profunda tradición ganadera y agrícola, donde los animales no tienen nombre y el mejor amigo del hombre, el perro, es una constante en todas sus villas, la comarca de Luna es hoy un lugar de veraneo para jóvenes foráneos que encontraron el amor.

El joven Rubén González, con uno de sus cabritos, junto a Rubén Gutierrez, amigo de la familia.

El joven Rubén González, con uno de sus cabritos, junto a Rubén Gutierrez, amigo de la familia.

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León

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Situadas entre montañas con cotas de roca pura y divididas por el pantano de Luna, se encuentran diseminadas las poblaciones que conforman la subcomarca de Luna. Nombre de origen prerromano, que recuerda al satélite terrestre. Sus pobladores son gente adusta. Un día entre ellos lo mismo muestra a un nonagenario cuidando un huerto que a un adolescente haciendo lo propio con el ganado. Tierra y Luna.

12.00 El primer pueblo que se encuentra por la comarcal 623 es Vega de Caballeros. A la entrada está Félix Gonzalez , de 87 años. Se dedica a su huerto desde temprano. Trabajó en las minas de La Magdalena. Dice que las casas típicas se han sustituido por las de nueva construcción y que en el invierno no se despega de la lumbre. En el centro del pueblo, Matutina vuelve a casa con un caldero lleno de lechugas. Josefina González vive con su hijo Roberto , de 25 años, quien regresó hace unos meses para montar un taller de soldadura. Además, juntos llevan una casa rural.

13.00 En Mora de Luna, el ambiente se encuentra en el bar de Plinio Gonzalez , ex alcalde del Ayuntamiento de Barrios. Pone hincapié en que «la vida está muy parada» y cuenta su receta para reactivarla: arreglar la carretera para impulsar el turismo en la comarca y limpiar el río para recuperar su tradición truchera.

14.00 Al llegar a Barrios se escucha un megáfono advirtiendo de la presencia del chatarrero. Subiendo por sus calles está la casa familiar de Raquel Morán , que por la mañana estuvo recogiendo cerezas. En ella vive con su marido Eutiquiano Tiqui original de Ávila. Habitan en Barrios entre marzo y noviembre. Lo abandonan con la nieve y el mal tiempo. Se conocieron cuando él llegó al pueblo en 1947 para trabajar en la construcción del pantano. Se enamoró de la comarca y luego de su mujer. «Este valle era muy productivo, había 3.000 obreros; esto era una ciudad», recuerda mientras afirma que el pueblo va muriendo poco a poco.

15.00 Mirantes de Luna es una población fantasma, abandonada a pesar de que no llegó a inundarse. Sólo la iglesia atestigua su pasado. En Mirantes está el Club Náutico, donde Ángel Suárez , el guarda nacido en Vega, y su familia regentan el bar y las instalaciones. Viven en el club durante todas las estaciones desde hace 22 años. Cuando llegaron dormían todos juntos en una cama para soportar el frío invernal. En el club los socios y los niños de los campamentos de verano disfrutan de la piscina, tomando el sol o practicando deportes como el esquí acuático o vela.

17.00 En la carretera a Caldas de Luna aparecen unas señoras enlutadas, reminiscencias de unas costumbres a punto de desaparecer. No quieren revelar su nombre. Un todoterreno aparece con tres perros corriendo detrás de él. Es Rubén González, de 17 años, el más joven de la comarca que aún se resiste a la llamada de la urbe. Después de ayudar a Rubén Gutiérrez a allanar una calle del pueblo, accede a mostrar a sus animales, de los que vive. Cabritos, vacas, yeguas, gallinas, patos, cerdos. Asegura que lo único que compra es Nesquik, «que no lo dan las vacas». No se marcharía por nada: «Se vive bien, da para vivir», comenta.

18.00 En Vega de Robledo, Roberto González , de 25 años, siega yerba con su tractor y su perro de raza carea. Con ella alimenta en invierno a las vacas y a los terneros, que matará para vender en su carnicería Rosi , en León capital. «Antes trabajaba en un matadero de pollos, pero esto es muchísimo mejor», asegura.

19.00 Pasando Vega de Robledo y su escultura en honor al mastín leonés, está la población de Robledo de Caldas. En su huerto y al sol está José Luis , antiguo minero asturiano que se enamoró de una leonesa, María Isabel , originaria de Robledo. Con ellos está su nieta de un año de edad, Alba . Entre los dos llevan la huerta, que compaginan con su tranquila vida en el pueblo. «A veces monótona y aburrida», asegura María. «Antes las mujeres hacían punto, ahora ven la televisión», comenta José Luis sobre cómo han cambian las costumbres. Manuel Gutiérrez el Rubio ha salido a dar un paseo. Asegura que el pueblo albergó en su día a 40.000 ovejas de lana. Cuenta una cusiquina (acertijo) típico: «Negro por fuera, amarillo por dentro, tiene rabo y no es oveja... Un cazo», resuelve entre risas.

20.00 Ángela García, Isabel Sánchez y Visitación Rodríguez han vivido toda su vida en Robledo. Recuerdan que por las noches, cuando todo el pueblo se reunía, lo llamaban ir al hilandero . Jugaban, cosían, echaban la partida o charlaban.

Ángela recita una copla de su juventud: «El barrio de la calle arriba, con mucha sal y salero, alumbramos con carburo y vosotros con sebo». A lo que la parte baja del pueblo respondía: «Alumbrar con el sebo es una cosa corriente, se alumbran los hilanderos, donde está la buena gente».

21.00 Sena de Luna esconde nombres ilustres como el que fue presidente de la Audiencia Provincial, José Rodriguez Quirós. En el porche, rezando el rosario por los muertos en Santiago de Compostela, está María Dolores Molleda con su hija, Lolita Fernández , que teje una bufanda. Elena Suárez y Enedina Fernández, la más longeva del pueblo (92), son dos mujeres muy lúcidas que recuerdan que siempre se vivió bien: «Nunca comimos pan negro». No se explican cómo la gente prefiere estar en el paro antes que volver al pueblo. «La agricultura y la ganadería se terminó», susurra Enedina.

guillermo otero

leonalsol@diariodeleon.es

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